jueves, marzo 12, 2009

El Jaguar

Muchas veces, la necesidad impulsa al hombre a la indignidad. Pero esa es una indignidad disculpable. ¿Puede ser indigno rebuscar comida en la basura cuando no queda otra alternativa? Quizás lo parezca, pero no lo es.

Pero la indignidad que resulta intolerable, la verdaderamente despreciable es la que practican los hombres (o mujeres) que no tienen ninguna necesidad de hacerlo. Esos son los realmente indignos, los que merecen nuestra repulsa.

Correa regaló un Jaguar al secretario electoral del PP

En política es seguramente irremediable que se cuelen ciertos indeseables, personas inútiles o despreciables, pero no debiera ser irremediable que se perpetúen.

Los partidos políticos no funcionan democráticamente, porque ello implicaría, aunque siempre de forma insuficiente, algún grado de control. Y se evitaría esa perpetuación de indeseables.

Lo malo es que los partidos lleguen a convertirse -se han convertido ya- en la empresa en la que algunos trabajan, o fingen hacerlo, y no en el órgano de participación política de los ciudadanos que la Constitución dice que deben ser.

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1 comentario:

nika dijo...

No es sólo que sean unos sinvergüenzas indignos, es que, encima, son tontos ¿Cómo es posible que sean los sinvergüenzas más tontos los que llegan a cargos más altos? ¿O es que, una vez alcanzado el puesto y por arte de virli virloque, se vuelven así?

saludos

PD. Cada vez estoy más convencida de que tendremos que volver a nuestra cultura tribal, en la que los más viejos y sabios -y a ser posible, sin familia a la que favorecer- eran los que dirigían (y poco) la vida de su comunidad. Está claro que, a los que aún tienen edad de 'presumir', o se venden barato o se les compra fácilmente... :-P


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