lunes, marzo 09, 2009

Bélgica

Motivos familiares insoslayables me han llevado a viajar a Bélgica estos días pasados. He aprovechado para hacer turismo, con las antenas levantadas.

1.- Bicicletas. Hay cientos de bicicletas por las calles. Todos los jóvenes las usan y buena parte de los mayores.

¿Qué enorme ahorro de gasolina les supone eso? ¿Y por qué nosotros no?

No hay carriles bici tan marcados como los que se construyen en Zaragoza. Apenas un par de líneas de pintura en el pavimento, o el embaldosado de las aceras puesto en diagonal respecto a la zona peatonal. Y la gente los respeta. Los coches se paran ante las bicis y todos, coches, peatones y ciclistas conviven sin problemas.

En las fotografías, algunos de los muchos aparcamientos de bicicletas.

2.- Centrales nucleares. Viajando en tren he tenido ocasión de ver dos, y una de ellas en las afueras de Bruselas. Ambas muy próximas a zonas habitadas. Sin contaminación. Lo único apreciable es el impacto visual de la enorme chimenea de refrigeración y el penacho de vapor de agua que se desprende de ellas. ¿Son tan tontos que estando Zapatero en lo cierto, eligen, como los franceses, ingleses, americanos, chinos, japoneses y tantos otros, ese sistema tan supuestamente caro y peligroso? ¿O quizás es que no es tan caro ni tan peligroso?

¿Cómo se compagina algo tan ecologista como el uso masivo de las bicicletas con algo tan escasamente ecológico como las centrales nucleares? ¿O quizás es que no son antiecológicas? ¿Quizás la térmica de Andorra es más antiecológica que una central nuclear? Aquí, entre nosotros, sólo la térmica de Andorra produce el 48% de las emisiones de CO2 de Aragón.

3.- Circulación. Los conductores respetan los pasos de cebra, e intercambian gestos de cortesía cediendo el paso. Sonríen dando las gracias cuando les dejas pasar con una seña. Insólito. En cuatro días solo oí un claxon.

4.- Hay tranvías. Durante mi estancia nos obligaron a bajar porque uno había descarrilado y cortaba varias líneas. Inconvenientes que no presenta el autobús. En breve sufriremos esos mismos problemas en Zaragoza.

5.- Precios. Los precios de la hostelería están mucho más baratos que en Zaragoza. Una pizza de tamaño grande, lo que aquí llamaríamos familiar o casi, allí cuesta, en restaurante, con mesa, mantel, servilleta de hilo y camarero, seis o siete euros. Abundan las tiendas de bocadillos o comida para llevar. Un bocadillo de media barra de pan, abundantemente relleno, cuesta tres euros. Reto a cualquiera a buscar esos precios en Zaragoza. No los hay.

Y una cerveza de marca, Palm concretamente, de botella, servida en su propia copa (cada marca de cerveza se sirve en su copa o recipiente característico), oscura, acaramelada, cremosa..., servida en restaurante: dos euros.

No hace muchos días, en una cafetería abarrotada, en la plaza de España de Zaragoza, por una vulgar caña de cerveza de barril, más pequeña que la servida en Bélgica, tomada de pie en la barra, me cobraron dos euros con veinte céntimos.

Y los salarios de los belgas son más elevados.

Aquí, en algún sitio de la estructura productiva, alguien está recibiendo unas ingentes transferencias netas de renta. Alguien se está enriqueciendo de forma claramente abusiva. Pero la cervecería donde me cobraron aquel precio abusivo estaba llena. Yo no volveré a pisarla, pero no creo que al dueño le importe mi ausencia.

6.- Los trenes.

Tienen un curioso sistema de funcionamiento. Además de bonos mensuales y otros medios de pago que no entré a investigar, los billetes son válidos para un itinerario, haciendo todos los trasbordos necesarios y sin especificar el tren que vas a coger. Un billete de Gante al aeropuerto de Charleroi incluye por poco más de diez euros, un tren a Bruselas, otro a Charleroi y un autobús al aeropuerto. El viajero escoge dentro de ese día la hora que mejor se le acomoda. No hay, por supuesto, asiento reservado. Cabe la posibilidad de que un viernes por la tarde uno pretenda coger un tren abarrotado de estudiantes y no se pueda sentar, pero será difícil.

7.- Coincidí en el tiempo con los independentistas catalanes que se manifestaron en Bruselas. Unos dos o tres mil, leí en la prensa. Evidentemente, aprovecharon para hacer turismo porque me los encontré en Brujas, como puede verse.

8.- Bilingüismo. Bélgica no es un país bilingüe, o no lo son los belgas: hay dos zonas monolingües que parecen ignorarse mutuamente. Como leí en la portada de un libro que vi en una revista: La Belgique est morte. Los valones hablan francés e inglés, pero al parecer se niegan a aprender el flamenco o neerlandés de Flandes, que me contaron que es una variedad arcaica del holandés moderno. No sé si será cierto. Es un idioma que para los hablantes de una lengua romance resulta difícil de aprender. Por el contrario, los flamencos hablan, además de su idioma, el inglés y el francés, pero éste sólo con los extranjeros. Con los valones se niegan a emplearlo.

En la megafonía y rótulos dinámicos de los trenes y estaciones de la zona flamenca el idioma usado es el neerlandés, en Bruselas se usan ambos y en la zona valona, sólo el francés. Bruselas es la capital geográfica de Flandes, pero es un enclave mayoritariamente francófono.

No obstante, no parece haber rivalidad, o yo no la percibí, sino sólo indiferencia mutua.

Es destacable el abundante y fluido uso del inglés. Allí lo hablan con corrección hasta las señoras de la limpieza.

9.- Castellano o español. Me sorprendió la cantidad de gente que habla, mal pero aceptablemente, el español. Nuestros amigos independentistas catalanes quizás no se percataron, porque los belgas sólo emplean el español cuando comprueban que su interlocutor lo habla. Y dudo que reconocieran el catalán. Nuestros amigos catalanes se hubieran desenvuelto con más facilidad si hubieran hablado español.

10.- Los belgas no recogen las cacas de los perros. Me sorprendió que en ese aspecto los españoles seamos más limpios que ellos. Pero debe ser en lo único. Tampoco se exceden en la limpieza de calles y canales, pero en general si son un poco más limpios que nosotros. No vi tampoco tantas pintadas como en Zaragoza.

11.- Seguridad. Las casas unifamiliares tienen las ventanas, que por cierto suelen ser muy grandes para aprovechar la escasa iluminación, a nivel de la calle. Y sin rejas. Hay miles y miles de casas en las que poder entrar simplemente rompiendo un cristal y levantando la pierna. Y no hay rejas. Me pareció insólito y envidiable.

12.- No hay apenas policía. Creo que en todo este tiempo sólo vi dos o tres agentes de policía.

13.- Inmigración. Hay muchos menos inmigrantes que en España y los que hay se ven perfectamente integrados, hablando flamenco o francés. Son inmigrantes antiguos, no recientes y masivos como en España. Sorprende ver a un negro vestido a la manera occidental hablando en flamenco a su hijo.

14.- Laicismo. No sé qué indica la Constitución belga al respecto, pero me sorprendió comprobar la cantidad de nombres de santos que denominan barrios, calles, estaciones de trenes... Hay barrios que se llaman San Andrés, San José, San Miguel... Y estaciones de ferrocarril. La de Gante se llama de San Pieter: Sintpietersatation. O el instituto Notre Dame. O las hornacinas en las calles con figuras religiosas. Y ello coexiste con calles en donde las prostitutas se exhiben en escaparates, con chocolaterías donde se venden y se exhiben en los escaparates bombones con formas eróticas o se vende ropa interior comestible. Con naturalidad, sin escándalo y sin que nadie intente imponer a los demás su criterio.

En el hotel donde nos alojamos, encima de la mesilla había un ejemplar del Nuevo Testamento en inglés, francés, alemán y neerlandés. Nunca había visto este detalle antes.

Estas son mis impresiones, que quizás sean erróneas, pero es lo que yo vi.
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8 comentarios:

Daniel Terrasa dijo...

Un buen resumen. Conozco bien Bélgica (sobre todo Flandes) y estoy de acuerdo en casi todo.

Yo habría ampliado un poco más el capítulo dedicado a la cerveza. Si te gusta aquello es el paraíso.

Mis favoritas son la Chimay Roja y una de trigo que se llama Hoegaarden.

Saludos

Oroel dijo...

A Daniel:

Soy un amante de la cerveza, y aquello, efectivamente, me pareció el paraíso.

La Chimay me pareció espléndida, pero casi me hizo gemir de placer la Brugse Zot, de Brujas. Hube de contenerme. Y a no olvidar la Kwat con su matraz característico o la Duvel. El paraíso, ciertamente.

Ese detalle pijo de servir cada cerveza en su propio recipiente me encantó. Le da un toque de sofisticación que no alcanzan ni de lejos nuestras socorridas "cañas".

Sólo siento que en cuatro días no me dio tiempo para probarlas todas. Hubiera muerto en el intento.

Un cordial saludo.

ari, ari, ari, Rajoitz lehendakari dijo...

A ver... afortunadamente Bélgica la conocemos todos y no me he podido contener la risa.
Utilizas siempre la misma táctica: VER LO QUE QUIERO VER.
Lo lamentable es que intentas venderlo como cierto y quedas como un panoli patético.
Todos los puntos son discutibles y algunos son auténticas y miserables mentiras.
Esto solo se puede explicar desde los efectos de varias de esas maravillosas cervezas. Aunque contigo he perdido la esperanza, creo que todo este ladrillo lo has escrito sobrio, que aún es peor.

Anónimo dijo...

La Voz de la Conciencia

Solo un ejemplo, Oroel, en Bélgica, hoy por hoy, la construcción de nuevas centrales nucleares esta parada, igual que en España.

Eso te pasa por no haber levantado bien las antenas. ja, ja, ja, ja.

Como dice el lehendakari Rajoitz, panoli patético.

Anónimo dijo...

La Voz de la Conciencia

Por cierto, si no habías visto nunca eso del Nuevo testamento, es que muy poco has viajado.

samueldl dijo...

Hace como seis o siete años fui de viaje con el instituto a Bélgica. Una de las tantas subvenciones que da a troche y moche la Junta de Andalucía. Lo cierto es que por aquel entonces uno no se paraba a cuestionarse esas cosas. Al contrario. Qué generoso es el Tito Chaves. De hecho, dio la casualidad que iba en el mismo vuelo que nosotros hasta Barcelona.

A decir verdad, he leído el artículo de hoy con una especial nostalgia, pues lo describes todo tal cual lo recuerdo. En especial el tema de las bicicletas me llamó la atención, sobre todo en la pequeña Lovaina, que es donde se encontraba nuestra residencia. Para nosotros era impensable (aún no teníamos nuestro patético carril bici) ese fluir constante de bicicletas y verlas aparcadas muchas de ellas sin seguridad alguna. Con lo que es Sevilla en cuestiones de vandalismo y choriceos varios...

Recuerdo también que nos llamó la atención el tema de los precios, pues nos advirtieron que serían elevados. Nada. En una cafetería recuerdo, además, que nos dejaron llamar por teléfono simplemente por una consumición. "A España", le dijimos, y amablemente nos tendieron el teléfono para que uno por uno llamásemos a nuestros padres. Por no hablar de esas mesas que a su lado tenían una conexión ADSL de internet (aún no estaba tan extendido y menos todavía el wifi). Todo nos parecía de otro mundo.

Visitamos también una fábrica de cerveza (los profesores disfrutaron mucho más por lo que sus cachetes delataban entre catas y demás) y otra de chocolate. En algunos barrios más clásicos de Bruselas las chocolaterías eran como puestos de postales. Por todas partes.

La seguridad es cierto que no lucía, pero ante el grado de civismo que mostraba su gente, tampoco es que pareciera muy requerido. Lejos del tópico, nos pareció ésta bastante cálida. El coincidir con más de un maestro en el uso de nuestra lengua también lo recuerdo.

En fin, por lo demás, Gante, Brujas, Lovaina y Bruselas me pareció algo extraordinario, en cada una de sus caras.

Espero que hayas disfrutado del viaje igual o más de lo que hice en su día. Siempre es un placer poder volver a recordar y contrastar perspectivas. En este caso, tu artículo ha sido como sacar la cámara de fotos.

Un saludo.

Checho dijo...

En España estamos a años luz del civismo europeo, quien cuestione tal cosa vive en los mundos de Bambi, aquel que nunca negó la crisis, ni se sentó ante la bandera yanqui, ni prometió el pleno empleo.

Tengo un colega alemán que siempre me preguntaba tres cosas que no entendía de España:

1. ¿Por qué los coches no paran en los pasos de peatones? Y me decía asombrado, acojonado e indignado ¿Tampoco lo hacen en los semáforos?

2. ¿Por qué los españoles comen la ensalada del mismo plato y en los bares tiran los papeles y restos al suelo?

3. ¿Por qué sólo los mejores estudiantes universitarios pueden ir al laboratorio? En Alemania vamos todos los de la clase

Y yo le contestaba:
"Porque estamos en España, amigo, y no cambiaremos nunca"

Aquí otro cervecero, para mí las cervezas checoslovacas son las mejores. No he tenido la oportunidad de visitar Bélgica pero sí de disfrutar sus cervezas y la verdad que las blancas de trigo son cojonudas.

saludos desde Jaca....

Oroel dijo...

A Checho:

Me acabas de brindar otro motivo más para viajar a la Rep. Checa. Ya sé que tienen fama, pero si son mejores que las belgas ya tienen que ser la leche...


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