sábado, diciembre 06, 2008

No soy nacionalista

Querido nacionalista:

Ser liberal (que lo soy) no significa que sea blando de corazón (que no lo soy). Ser tolerante no significa que tenga una paciencia ilimitada e infinita.

O te lo explicaré de otra forma, para que entiendas la relación entre ser liberal y no blando de corazón: estoy dispuesto a cortarme una mano por defender tus derechos; pero estoy dispuesto a cortártela a ti como pretendas privarme de uno solo de los míos. Yo no pongo nunca la otra mejilla.

Me exaspera que explicando las cosas mil veces, sigas sin entenderlas. O sin quererlas entender.

Me exasperan los tontos, los hipócritas, los pseudoprogres (valga la redundancia)...
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No soy nacionalista. ¿Qué parte de esa frase no comprendes? Repito: no soy nacionalista. Me da asco el nacionalismo. Me repugna. Intelectual y moralmente me parece una doctrina política despreciable.

Si yo digo que no soy nacionalista significa que no lo soy.

Ser nacionalista no tiene nada que ver con himnos, banderas o símbolos. No tiene nada que ver con el amor a tu tierra o a tu patria. No tiene nada que ver con lo que quieras o con lo que te emocione.

Ser nacionalista tiene que ver con los derechos y libertades que estés dispuesto a reconocerles a los demás, a tus conciudadanos. Tiene que ver con lo que estás dispuesto a exigir a los demás, pero no a tí mismo, para que se adapten a tu particular visión de lo que ha de ser, pero no es, tu patria soñada. Tiene que ver con la importancia que le concedas a los derechos individuales y si los supeditas o no -o los sacrificas o no- a los colectivos. Tiene que ver con el respeto a las personas. Tiene que ver con la confusión entre deseos y derechos. Tiene que ver con tu concepto de solidaridad interterritorial y convergencia económica. Tiene que ver con lo que estás dispuesto a compartir... Se trata de eso, de cosas tangibles; no de emociones. Se trata de leyes y de presupuestos.
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Reflexiona sobre ello y haz una severa introspección antes de continuar juzgando a los demás y atribuyéndonos los defectos que sólo tú y los tuyos tenéis.
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8 comentarios:

Alejandro dijo...

El problema de los nacionalistas es que atribuyen a conceptos jurídicos o simplemente abstractos como la nación, la patria o "el pueblo" una personalidad propia y, por lo tanto, el ser sujetos con derechos propios.

Otros pensamos que los derechos son sólo de los individuos.

Yo, desde luego, soy antinacionalista. Para mi una nación no es más que un marco jurídico que define los derechos y obligaciones de un conjunto de individuos. No albergo ningún tipo de sentimiento hacia España ni hacia ninguna otra nación.

Me resulta muy difícil entender "argumentos" que se basen en cierta vinculación sentimental subjetiva hacia un territorio, unas costumbres o un idioma por el hecho de haber nacido en un determinado sitio.

Ello no impide que crea que España como marco jurídico, económico, ligüístico y político es un instrumento más potente para proporcionar bienestar a sus ciudadanos que una serie de pequeños estados independientes cada unos con sus leyes y lenguas propias.

¡Ojo! Hablo del bienestar medible de forma objetiva: seguridad, educación, sanidad, nivel de renta... que son aquellas cosas en las que debe intervenir el Estado.

Hay otros factores de la felicidad y del bienestar, pero son personales y subjetivos y allí el Estado no puede ni debe entrar. Si para una persona el colmo de la felicidad es que su pueblo se llame "Cabrillas do monte" en vez de "Cabrillas del monte", ese es un problema y apetencia muy personal suyo y que puede chocar frontalmente con la querencia de otra persona con razones y argumentos igual de válidos. Por ello el Estado no intervendrá y se deberá, en cualquier caso, decantar por criterios de eficacia y eficiencia.

Pero en cambio, todos estamos razonablemente de acuerdo en qué consiste (p. ej.) una sanidad eficiente y, en todo caso, las diferencias de criterio se pueden argumentar mediante criterios objetivos.

Para los nacionalistas, el pertenecer a un determinado territorio define la esencia y las ideas (que tienen o deben tener) las personas y la Autoridad debe intervenir en asuntos como los sentimientos, el idioma que hablen o incluso el nombre que pueden o no poner a sus hijos (la Academia Vasca está en ello, ya buscaré el enlace).

Esa es la diferencia, en mi opinión.

Oroel dijo...

A Alejandro:

Yo, al contrario que tú sí que creo en esos aspectos sentimentales o emotivos que nos hacen reconocernos como lo que somos. Pero hago abstracción de ellos -o me esfuerzo por hacerla- para centrarme en esos aspectos prácticos que señalas.

La razón es simple: ni puedo imponer mis sentimientos a los demás ni debo dejar que los demás me los impongan. Aquí, mientras los derechos inalienables se respeten, es mejor que sean las mayorías quienes se pronuncien.

Pero vamos al nacionalismo. ¿Nacionalistas nos dicen? Hay una prueba irrebatible; la prueba del algodón del nacionalismo. Un nacionalista cree en los derechos colectivos, y no sólo cree sino que los antepone a los individuales. Éstos deben ser sacrificados en aras de un designio común y superior, que trasciende generaciones, que se superpone sobre los deseos democráticos de los ciudadanos y sus propios derechos individuales y que, muy posiblemente, emana de la propia tierra. La lengua propia y todas estas zarandajas. Como si la lengua, como hemos escrito muchas veces, emanara de la tierra y hubiera que imponerla por ello a los habitantes. Tonterías, en definitiva.

¿Estás dispuesto a sacrificar los derechos individuales de los ciudadanos a ese destino común, a la creación de esa entidad superior que es la nación, real o ficticia, haya tenido o no entidad real a lo largo de la Historia? ¿Sí? Entonces eres nacionalista. ¿No estás dispuesto a sacrificar esos derechos individuales? Más aún, ¿crees que la Nación sólo tiene sentido y utilidad, sólo merece la lealtad de los ciudadanos -la lealtad constitucional- si se erige en garantía superior y efectiva de esos derechos? Entonces no eres nacionalista. ¿Estas dispuesto a exigir a todos los ciudadanos la enseñanza en castellano, o en catalán? Eres nacionalista. ¿Crees que en aquellas áreas bilingües debe otorgarse la libertad de enseñanza en la lengua materna, aunque garantizando un correcto aprendizaje de la otra lengua cooficial? Entonces no eres nacionalista.

Observa esta realidad constatable: allí donde más ha avanzado el nacionalismo (y me refiero concretamente a las comunidades autónomas españolas) más se han degradado los derechos y libertades ciudadanos.

Anónimo dijo...

La Voz de la Conciencia

Pues, exactamente, lo que no entiendo es lo del "no". Porque la mayoría de tus escritos dan la impresión de que esa palabra no está dentro de tus características.

Anónimo dijo...

Debe ser terrible, Oroel, ser un nacionalista español y, a la vez, sentir asco por el nacionalismo. Si te sirve de consuelo, algo parecido le pasaba a Einstein.

Oroel dijo...

"NO" es la palabra más subversiva que existe. Me gusta.

Respecto a lo de mi pretendido nacionalismo, no quiero argumentar más: simplemente eres tonto. Sin matices. Tonto. Posiblemente por nacionalista. Es la única doctrina política a tu alcance. Las demás son muy elevadas para tí, demasiados principios abstractos.

No aportas nada ni enriqueces el debate. Aburres.

Checho dijo...

Gran entrada oroel. Gran entrada. Está todo dicho, quien no lo entienda sólo puede ser o tonto del culo o corto de entendederas. La otra posibilidad es que no lo quiera entender, pero ésa no tienen huevos para admitirla. Así que será porque son tontos del culo. Ya ves, otros somos tontos de los cojones, qué le vamos a hacer...

Marianico Rajoitz dijo...

Oroel, acabo de enchufar el ordenador después de unos días de vacaciones.
Has insultado a un "anónimo" creyendo que me insultabas a mi.

Tu lider y gurú.
Marianico.

Oroel dijo...

A Marianico Rajoitz:

En absoluto os he confundido. La presencia esporádica en este blog de la Voz de la Conciencia es muy anterior a tu presencia.

Y respecto a lo de insultar... bueno, qué se le puede decir a alguien que me está imputando lo que yo considero una de las cosas más indignas que se pueden ser en política, y que no atiende (ni posiblemente entienda) a razones ni argumentos.

La Voz de la Conciencia es mucho más ingenuo que tú, posiblemente porque es más joven. Es imposible confundiros.


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