jueves, mayo 12, 2011

Carne de gallina

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Pascual Sala: “que se cuestione su independencia es algo que pone la carne de gallina a un magistrado”.

Bueno, pues yo se la cuestiono, aun a riesgo de que se le ponga la carne de gallina. A mí me ha puesto un nudo en el estómago su reciente sentencia y la foto del etarra que pide el voto para Bildu. Foto que sólo es posible por la sentencia de don Pacual y del resto de magistrados mal llamados “progresistas”.

Pascual Sala, para mis lectores del otro lado del Atlántico, es el presidente del Tribunal Constitucional español, y ha votado a favor de la concurrencia a las elecciones municipales (sólo municipales en la Comunidad Autónoma Vasca) de un nuevo partido político que acoge a quienes han dado hasta ahora cobertura a ETA. A la rama política de ETA, digamos.

La foto que ilustra este artículo es la del etarra Andrés Errandonea, en el momento de su excarcelación después de cumplir una condena de 25 años por terrorismo. Leo que el tipo nunca ha mostrado arrepentimiento por su pertenencia a una organización terrorista.

La pancarta dice, en vascuence, Independencia y Socialismo, jugando claramente con el equívoco de la conjunción “y”, que en ese idioma se traduce por “eta”. Pero observen que la palabra “ETA” figura con un color distinto de aquellas entre las que supuestamente ejerce de conjunción. La foto es, no nos engañemos, lo que parece: una provocación y una burla. Una acusación directa a los magistrados del Tribunal Constitucional y una bofetada en la cara de todos los demócratas españoles y especialmente de las víctimas del terrorismo.

Esta foto, mucho menos grave afortunadamente, ha vuelto ha dejar a Zapatero con los pantalones a la altura de los tobillos, como le dejó ETA con el atentado de la T-4. Parece que la banda terrorista empieza a encontrar divertida la humorada de dejar a nuestro presidente con las vergüenzas al aire una vez tras otra. Y el idiota se deja.

Puede dudarse de la naturaleza política de la sentencia del Tribunal, creyendo a D. Pascual, pero todas las evidencias obran en contra. La más clara, el repentino cambio de actitud del PNV ante la sentencia. Urkullu anunció primero la rotura de todos sus compromisos con Zapatero “al entender que la resolución jurídica del Tribunal Supremo se derivaba de un impulso político”. Zapatero respondió pidiendo calma a la espera del fallo del Tribunal Constitucional que había de revisar la resolución del Tribunal Supremo. Y finalmente, una vez conocido el fallo, favorable a las pretensiones de Bildu, y coincidente con los deseos del PNV, Urkullu vuelve a ofrecer su colaboración a Zapatero. ¿Qué sentido tenía la petición de calma formulada por Zapatero? ¿Puede deducirse que conocía el sentido en que se iba a pronunciar el Constitucional? Muchos ya lo habían anticipado, y acertaron.

Pero volvamos al “impulso político” del Gobierno. Ese impulso político ha procedido única y exclusivamente de Rubalcaba, quien ha hecho -al menos en apariencia- un esfuerzo ímprobo por lograr la ilegalización de Bildu: Policía, Guardia Civil, Abogacía del Estado y Fiscalía han aportado pruebas que al Tribunal Supremo (con una valoración de las mismas más ajustada a las técnicas procesales -valoración conjunta y no individualizada-, tal y como señalan los magistrados discrepantes del Constitucional) le fueron suficientes para considerarlo sucesor de Batasuna. La sospecha vehemente -casi certeza- de que Zapatero haya trabajado por lograr del Constitucional un fallo contrario al del Supremo supone dos cosas: o que ha desautorizado gravemente a Rubalcaba, abortando todos sus esfuerzos -si es que eran sinceros- o que se ha producido un reparto de papeles, magistralmente escenificado.


Y analicemos otro aspecto: el apoyo del PNV. ¿Para qué quiere, para qué necesita a estas alturas Zapatero el apoyo del PNV? Para lo único que lo puede necesitar de aquí al final de la legislatura, para la que ya queda menos de un año, es para la aprobación de los presupuestos de 2012, que habrán de ser extremadamente restrictivos y en los que casi inevitablemente habrá de hacer nuevas cesiones al PNV. Podría simplemente prorrogar los de este año y esperar a las elecciones que han de celebrarse en marzo de 2012. Ni él se presenta de nuevo, ni es creíble que el PSOE pueda ganarlas. No necesita aprobar unos presupuestos en esas condiciones, salvo que esté dispuesto a legar a su sucesor, seguramente el PP, un auténtico campo minado. Un campo minado en el que las víctimas colaterales seremos todos los españoles.

Queda menos de un año, pero el daño que este irresponsable es capaz de hacer todavía es inconmensurable. Salvo que la derrota del próximo día 22 de mayo sea tan contundente, tan inapelable, dejando al PSOE al borde de la desaparición (más que merecida y que posiblemente sería inevitable si se conociera la trama del 11-M), que no le quede más remedio que la disolución de las Cortes Generales y la convocatoria de elecciones anticipadas.

Ese sería hoy uno de mis mayores deseos. Creo que es urgente librarnos de ese personajillo nefasto.
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