jueves, septiembre 02, 2010

Las ventajas estratégicas del socialismo

El socialismo español, que realmente no es socialismo ni nunca lo ha sido, tiene una serie de ventajas estratégicas evidentes sobre sus adversarios.

Una de ellas es el despiste ideológico de la derecha española. UCD en su momento y el PP ahora siempre han creído, en su ingenuidad, que tenían enfrente un partido de izquierdas. Y como tal lo han tratado, como un adversario ideológico, legitimado y doctrinalmente coherente; como un legítimo y cabal representante de los intereses de la clase obrera, defensor de una política igualitarista y redistribuidora, del mismo corte que la socialdemocracia europea. Error. Clamoroso error. Lo más parecido al socialismo español es el peronismo o los populismos iberoamericanos. El PSOE nunca ha sido un partido de izquierdas. Posiblemente ni siquiera sea un partido, sino una enorme y eficacísima máquina de poder.

Como tal maquinaria de poder se apoya, al igual que muchos partidos nacionalistas, devenidos en movimientos nacionales, en una amplia red de complicidades y relaciones sociales: sindicatos, asociaciones vecinales… La derecha nunca ha sabido establecer esa red social, fuertemente ideologizada y clientelar (o quizás más clientelar que ideologizada), sostenida a base de subvenciones. Pero la derecha ha sido tan torpe que cuando gobierna sigue manteniéndola y subvencionándola, sin advertir que está alimentando a la serpiente que le ha de picar. El PP frente a los sindicatos y asociaciones de izquierdas tiene un curioso y letal síndrome de Estocolmo. Por torpeza, por pusilanimidad… Quién sabe.

Para mi sorpresa, el socialismo español cree tener o se comporta como si creyera tener un plus de legitimidad sobre la derecha. Y ésta, más sorprendentemente aún, lo acepta. Siempre he pensado que la derecha española arrastra una mala conciencia por considerarse heredera del franquismo. Eso es algo que parece haber interiorizado, o asumido como un baldón inevitable, no sé si porque la Transición discurrió sin ruptura o por el absurdo complejo de que fuera la derecha de la época la que ganara la Guerra Civil, pero cuando pretende sacudirse esa etiqueta, el progresismo corre a recordárselo.

La derecha europea tiene una legitimidad histórica fuera de toda duda. No sólo su acervo ideológico -que realmente es el mismo que el de la derecha española- arranca de los fundadores del pensamiento liberal y de la independencia americana, que han configurado el mundo occidental que conocemos, sino que luchó con energía y de forma exitosa contra el nazismo y el comunismo. Si hoy Europa es un continente libre y próspero se debe a la derecha. Y de derechas fueron los padres fundadores de la Unión Europea. Por razones históricas, la derecha española no puede esgrimir esa legitimidad. Pero tampoco las nuevas generaciones han de avergonzarse eternamente de un pasado que no protagonizaron.

Pero decía que ese pretendido plus de legitimidad del socialismo español es para mí una sorpresa, porque la historia del PSOE, la antigua y la reciente, es una historia de ignominia y de vergüenza. Desde la ausencia de principios democráticos reconocida por Pablo Iglesias a su colaboración con la dictadura de Primo de Rivera; desde su alzamiento contra la República al matonismo de las juventudes socialistas o su participación -o complicidad- en el asesinato de Calvo Sotelo; desde los GAL al reiterado hundimiento de la economía cada vez que han gobernado. Y su traición, por último, a la Constitución del 78 protagonizada por Zapatero y argumentada por González. Y sin embargo, las nuevas generaciones socialistas se jactan de un pasado vergonzoso que han falseado y reinventado hasta la mitificación. Ni la derecha actual tiene que avergonzarse de un pasado que no protagonizó, ni el socialismo español tiene nada de qué presumir.

Pero la más evidente ventaja estratégica del pseudosocialismo hispano, que bajo la dirección de Zapatero ha alcanzado la cima de la perfección, es su absoluta falta de principios. Es por eso que el PSOE puede pactar en el País Vasco con el PP -y dejar de hacerlo cuando le interese- y con ERC en Cataluña. Es por eso, porque no sabe ni le importa qué es una Nación, por lo que puede defenderla (y acusar hipócritamente de antipatriotas a quienes le cuestionan) o socavarla. Puede defender, al menos retóricamente, el Estado autonómico, proponer el federalismo y dictar leyes y estatutos confederalistas… Puede decir que bajar impuestos es de izquierdas, o subirlos. Puede criticar el superávit de la época de Aznar, o presumir de él cuando gobierna. Todo es relativo, contingente, maleable… Sólo sus intereses, básicamente el mantenimiento del poder a cualquier precio y durante el mayor tiempo posible, son trascendentes. Enfrentarse, como hace la derecha, a un adversario sin principios y que no va a respetar las reglas del juego es un handicap evidente.

Y lógicamente, no el poder por el poder, sino para el enriquecimiento de la militancia y de sus familias (algo que resulta fácil de comprobar porque la riqueza es como el fuego: inocultable). Es por eso que la Administración, para ellos, no es un instrumento de gestión que el Estado pone a su servicio para desarrollar la acción política, sino un botín de guerra.

Quien tiene ventajas estratégicas es quien tiene más posibilidades de vencer. Esa es una obviedad. Y el disfrute del botín de guerra es el premio del vencedor.

No la responsabilidad de gobernar, sino el saqueo del vencido, que no es la derecha, sino el pueblo español.
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4 comentarios:

Carlos56 dijo...

Etimado Oroel:

Como siempre de acuerdo con lo expuesto. Pero me asalta una duda… ¿Las serpientes pican o muerden?

Conste que lo he oído emplear indistintamente, pero nunca me he quedado tranquilo.

En este caso, dado lo ponzoñoso y maligno del animal con el que la comparas yo habría elegido morder. Indica más compromiso en el ataque, más apetito depredador.

Un abrazo. Carlos 56

Oroel dijo...

Mi apreciado Carlos 56:

Pues habrás de saber que al escribir el texto estuve dudando en el término a emplear.

Veo que compartes hasta mis dudas.

Un cordial saludo.

Alejandro dijo...

"... su acervo ideológico -que realmente es el mismo que el de la derecha española-"

¿Estás seguro de que el PP es realmente homologable con la derecha europea? Yo no estaría tan seguro.

Creo que en España tenemos una clase política bastante devaluada y que dificilmente conseguiría el más mínimo resultado en unas elecciones en un pais serio.

Oroel dijo...

Estaba hablando de ideología, no de nivel. Aunque seguro que también hay gente que milita en el PP que no tiene ideología definida, como también la hay en otros partidos. No hay sino repasar, por ejemplo, los antiguos militantes de IU que hoy militan en la casa común del PSOE.

Y respecto al nivel, sí, lamentable... en todas partes. Posiblemente porque la democracia interna es una de las herramientas de la selección natural, y en los partidos políticos españoles no existe.


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