domingo, febrero 20, 2011

El estallido social

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Este puede ser el primer y más grave de los problemas a los que puede tener que enfrentarse Mariano Rajoy cuando gobierne.

Las revueltas callejeras de menor entidad aunque generalizadas o incluso un auténtico alzamiento popular podrían llegar a ser realidad en España en breve, como lo han sido en otros países europeos y, ahora, musulmanes. Las condiciones objetivas existen: el cincuenta por ciento de paro entre los menores de 34 años, una xenofobia latente pero en fase de expansión entre los jóvenes como pueden acreditar los profesores de bachillerato, una enorme frustración colectiva y el descrédito generalizado de la política que, significativamente, siempre crece cuando gobiernan los socialistas pero que se extiende a todo el ámbito político y no sólo a ellos. Estos días pasados, un amigo me alertaba incluso de un peligro hasta ahora minusvalorado: el incremento del precio de los alimentos, como ha pasado en los países del norte de Africa o pasó en Argentina, que puede apuntillar muchas economías que ya se encuentran en situación límite y actuar de fulminante. Existe ahora mismo un malestar generalizado que se mantiene más o menos controlado por las entidades sociales, que, como los sindicatos, procurarán que no estalle mientras gobiernen los suyos, pero que tratarán de exacerbar y canalizar cuando gobierne el PP.

No estoy hablando de un riesgo alentado o difundido de forma interesada, ni mucho menos, por la extrema derecha, sino que la propia Fundación Sistema, de orientación claramente socialista, está avisando del peligro:


¿Creen sinceramente los pontífices del oficialismo económico imperante que todos estos jóvenes excluidos e infraposicionados se van a quedar indefinidamente de brazos cruzados, resignándose a tan pobre futuro, en sociedades en las que incluso en períodos de crisis hay unos pocos que continúan enriqueciéndose a todo trapo?

Son muchos los socialistas que ahora mismo, especialmente ante la eventualidad de una pérdida notable de poder en los ámbitos autonómico y municipal, preferirían que Rodríguez adelantara las elecciones, para que fuera la derecha la que asumiera el coste político de las reformas, indudablemente duras y antipopulares. No va a ser posible salir de la crisis sin sacrificios, y aún así no saldremos como entramos, sino posicionados en los niveles de Polonia o Hungría. El daño causado por este gobierno irresponsable en dos legislaturas necesitará por lo menos el doble de tiempo para restañarse.

Pero al menos la continuidad del Partido Socialista garantiza la paz social, o retrasa, y quizás está alimentando, el estallido, haciéndolo más fuerte e incontrolable cuando se produzca. Hay varios hechos significativos que creo conveniente señalar: el escaso interés de los sindicatos en que sus pasadas movilizaciones tuvieran éxito es uno de ellos. Al margen del descrédito que arrastran y de la violencia incontrolada de algunos piquetes, el pulso con el Gobierno en la pasada huelga general ha sido más bien flojito: una impostura. Sin embargo, la virulencia de las manifestaciones sindicales allí donde gobierna la derecha y canalizadas precisamente contra la derecha (Madrid: piquetes sanitarios y huelga salvaje del Metro, por ejemplo) son una muestra de lo que nos espera.

Contra la derecha sí es legítimo alzarse, e incluso la violencia está justificada. He aquí todo un ensayo, breve pero interesantísimo, sobre la “legitimidad” de la violencia contra la derecha, que es una idea que comparte la gente de izquierdas, mal llamados demócratas.


El atentado sufrido por un consejero murciano del PP es políticamente correcto. Responde a las pautas ideológicas del sistema, y cuenta con muchos precedentes injustamente minimizados, cuando no olvidados.

Recuerdo aquel chiste en que dos sindicalistas comentan entre sí: “¡Qué ganas tengo de que gobierne la derecha para poder protestar a gusto!” Realmente no era un chiste, era una profecía.

¿Qué se puede hacer frente a este peligro?

No hacer reformas o hacerlas de pequeño calado y despacio es una tentación evidente, en la que puede caer Mariano Rajoy como ahora está cayendo Rodríguez, no sabemos si por miedo o por falta de convicción. Pero en ese caso, la recuperación se retrasará indefinidamente o puede que nunca llegue a producirse, condenando a nuestra nación a un tercer nivel y a la juventud española a la emigración. En esas condiciones o se asume una drástica reducción de la población española, con el evidente peligro para las pensiones, o se acepta una reducción equivalente de las condiciones y estándares de vida.

El camino para poder asumir las reformas y que éstas no tengan demasiado coste político ha de ser otro: la regeneración democrática, la transparencia que hasta ahora ha faltado y, sobre todo, evitar cualquier motivo de crispación social. De éstos últimos señalaré los más evidentes y que deben ser evitados a toda costa: la corrupción, la ostentación, el acaparamiento de cargos y sueldos, los privilegios de la clase política...

Nada de lo que al PSOE se le ha perdonado, se le perdonará al PP. Pero imagino que eso ya lo saben. O deberían.
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4 comentarios:

Anónimo dijo...

Este no demócrata por ser de izquierdas, te dice dos cosas : una, estás en los correcto al pensar que los sindicatos son serviles al psoe, pero no están para otra cosa que para garantizar la paz social.
dos, sigue hablando con ese amigo, porque lo que viene no es una cuestión de quién gobierne, eso es secundario, lo que viene está estudiado por varios teóricos de la globalziación:

Léete si quieres saber algo del mundo laboral en occidente a ULRICK BECK, o a Thomas Friedmad sobre globalziación.

Que se ha acabado el sistema de bienestar social como lo hemos conocido.

Al menos no seamos miopes, sólo cuando nos interese ponernos las gafas.
s2

Oroel dijo...

Estimado anónimo:

Suelo participar en foros de algunos periódicos aragoneses, donde tengo la sospecha -no sé si infundada, pero basada en las lecturas que me sugieres- que me lees. En ellos no es infrecuente que se me dirija el calificativo de “facha”, sólo por opinar lo que opino. Es un recurso fácil, elemental, que ahorra profundizar en la argumentación, tan ardua, pero que de alguna manera legitima la “agresión” hacia la gente que se define de derechas. Por lo menos, se merecen, nos merecemos, el insulto. Por lo menos eso. Es el primer peldaño en la escala de la agresión. Todos esos, que son muchos, no son demócratas. Aunque posiblemente tú sí. Por lo menos lees.

El amigo de quien hablo no se basa para sus predicciones en análisis o conjeturas globales, sino muy especializados en el tema de los mercados agroalimentarios y de materias primas. Y aporta datos muy significativos y preocupantes. La FAO advierte que en los próximos cuarenta años la población mundial crecerá en 2.000 millones de habitantes, lo que unido a la mejora de las condiciones de vida en países como China, India o Brasil exigirá una producción de alimentos casi el doble que la actual. Ya no se conforman con el arroz sino que también quieren comer cerdo y pollo, como nosotros. Y todo ello en un escenario de progresivo encarecimiento de la energía y con fluctuaciones climáticas cada vez más acusadas como consecuencia del calentamiento global y la aceleración del ciclo hidráulico en la atmósfera.

Si se logra ese milagro se mantendrán los precios. Pero si hay dificultades en alcanzarlo, los precios subirán. Porque ni los chinos ni los indios pasarán hambre, como ocurrió hasta ahora.

El detonante de las revueltas musulmanas ha sido el aumento de los precios de los alimentos, por más que hubiera un malestar creciente y peligroso. Pero necesitaba un detonante. Y ese detonante puede haberlo también aquí.

Procuraré seguir tus consejos y leer a los autores que me aconsejas.

urbez dijo...

oroel, soy albertovich, no se porqué he salido qué he hecho para salir como "anónimo".

léete ese artículo
http://lacartadelabolsa.com/index.php/leer/articulo/muchas_cosas_9

s2

Oroel dijo...

Sabía -intuía- que eras tú.


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