domingo, agosto 28, 2011

En El Periódico de Aragón de hoy

¿Cuántos aragoneses hay a favor de las comarcas y cuántos en contra? ¿Por qué se mantienen, por su utilidad social o por su interés clientelar? ¿Las podemos mantener?
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Mi opinión ya la conocen:

La mamandurria comarcal

Comarcas = Corrupción

Nuestros errores colectivos: las comarcas
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Colaboración

El otro día, documentándome para escribir mi artículo “El Plan Aurora”, encontré todas estas imágenes:
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Se conocen. Han coincidido por lo menos en todas las ocasiones que muestran las fotos. Quizás, seguramente, más.

Entre estos dos personajes parece que ha debido haber -o yo se la supongo- una estrecha colaboración.  
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sábado, agosto 27, 2011

Reforma Constitucional (II)

¿Va a servir para algo la reforma constitucional?

Ya antes de esta apresurada propuesta de reforma constitucional había mecanismos legales de disciplina presupuestaria, y Zapatero los eliminó. Cuando Zapatero llegó al poder, con mucha más soberbia que inteligencia, se cargó la Ley de Calidad de la Enseñanza, el Plan Hidrológico Nacional y la Ley de Estabilidad Presupuestaria. Tanta irresponsabilidad ha tenido un coste inmenso para los españoles.

Pero para poder contestar a la pregunta que formulaba al principio habrá que aclarar primero si era necesario incorporar esta previsión sobre el control presupuestario a la Constitución. Seguramente, no. Quizás ni siquiera fuera precisa una Ley de Estabilidad, sino una voluntad expresa de ajustar los gastos de las cuentas públicas a los ingresos. Puro ejercicio de sentido común y responsabilidad, algo que no debiera necesitar su inclusión en ninguna ley y mucho menos en una tan solemne como la Constitución. El problema al que se enfrenta el Gobierno es que quizás haya habido, como todo el mundo da por supuesto, una exigencia explícita de Angela Merkel, aunque es una ingenua si piensa que su inclusión en la Constitución le otorga más posibilidades de cumplirse. Si la mujer cree que los españoles nos vamos a comportar con mentalidad alemana, se equivoca.

Y por otro lado está el asunto de la indisciplina autonómica, y especialmente de los nacionalismos. ¿Introduciendo esa previsión en la Constitución habrá más posibilidades de sujetar a los gobiernos autonómicos a la disciplina presupuestaria? Mientras no se arbitren mecanismos de sanción económica, lo dudo. Y mientras las transferencias económicas del Estado y especialmente la dotación para infraestructuras sea, como lo ha sido hasta ahora, un cambalache permanentemente sujeto a pactos y componendas, lo dudo también.

Pero es que, además, las reformas que ha introducido Rubalcaba lo han convertido en una referencia retórica, sin valor alguno.



En mi respuesta a un comentario en el anterior artículo sobre la reforma constitucional he escrito lo siguiente: “...Rubalcaba, para vencer las reticencias de los suyos, ha desactivado la reforma, con lo que la convierte en inútil para sus tres propósitos supuestos o declarados: (1) es inútil para contener el déficit, que es su propósito declarado, (2) es inútil para aplacar los recelos de Merkel, que es un propósito supuesto y (3) será inútil para calmar a los mercados, que es su propósito obvio, y bajar por tanto nuestro diferencial de deuda y conseguir financiación más barata”

Tomo prestado este párrafo de Juan Ramón Rallo: “...Supongamos que esta reforma ya hubiese estado vigente en 2004, cuando Zapatero llegó el poder. ¿Habría cambiado algo el devenir de nuestra crisis merced a la limitación constitucional del déficit? En absoluto; desde 2004 a 2007, momentos de aparente (y ficticia) prosperidad económica, el PSOE cuadró sus presupuestos con superávit. Llegó la recesión en 2008 y empezaron a aparecer los números rojos: más de 300.000 millones de euros de déficit en cuatro años que de nada han servido salvo para acercarnos a la suspensión de pagos (¡gran éxito de la estimulación keynesiana!). Todos y cada uno de esos déficits, por surgir en medio de una recesión, habrían contado con respaldo constitucional; y, además, los socialistas podrían haberlos convalidado en el parlamento de idéntico modo a cómo sacaron adelante en las Cortes todos los presupuestos que generaron esos déficits. Moraleja: aprobaremos una norma que no sirve en absoluto para alcanzar su objetivo declarado”.

Me preocupaba la satisfacción del PP, que parecían conformarse con haber demostrado que tenían razón al pedir este blindaje de primer orden para la estabilidad presupuestaria, e indiferentes ante los manejos de Rubalcaba, que desactivaban la propuesta. Afortunadamente al menos uno, González Pons, parece haberse dado cuenta de la maniobra:


Pero es que el déficit cero, o la estabilidad presupuestaria, tiene dos formas de lograrse: recortando gastos, que es precisamente lo que espeluzna a los socialistas, que ven peligrar el Estado del Bienestar, e incrementando impuestos que es lo que espeluzna a los liberales y conservadores. Lo que es inviable es pretender mantener ambas cosas, unos impuestos bajos y unas altas prestaciones sociales. Y además, como hemos hecho en España, con unos costes de gestión administrativa altísima, multiplicando administraciones e hipertrofiándolas todas.

No quiero acabar sin mencionar el último párrafo del artículo de Ángel Garcés Sanagustín, “Más Estado, más sociedad”, en el Heraldo de Aragón de hoy: “Suecia, cuyo Estado del bienestar está a años luz del nuestro, distancia que se va a incrementar en los próximos años, va a terminar el año con un superávit fiscal del 1,75%. Eso sí, en el ayuntamiento de Estocolmo, su segunda administración por tamaño, solo están contratados dos asesores, que se están planeando reducir a la mitad. Es otra forma de entender el Estado... y la sociedad”.
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viernes, agosto 26, 2011

El Plan Aurora

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Cualquiera que haya leído el Cuarto Protocolo de Frederick Forsyth recordará que en la trama de la novela se habla de un cierto Plan Aurora con el que se pretende cambiar el resultado de unas elecciones, volcando el sentido del voto de al menos un diez por ciento de la población británica.

El Plan consiste en fingir un accidente nuclear con la explosión de un artefacto en las inmediaciones de una base americana de la OTAN en suelo británico. A ello seguirían una serie de declaraciones del líder de la oposición y unas negociaciones, totalmente fingidas y con el resultado ya decidido desde el mismo momento en que se planea el atentado, en las que lograría un gesto soviético a favor del desarme unilateral. Todo ello en los días inmediatos a las elecciones, que habrían de celebrarse apenas dos o tres días después del anuncio soviético, logrado gracias a los “buenos oficios” del líder laborista y con la población conmocionada por la gravedad del accidente.

Yo, conforme releía la novela y el relato del plan, no podía evitar acordarme del 11-M español: explosiones, elecciones, declaraciones, volcado del sentido del voto del diez por ciento del electorado...

El día 31 de marzo de 2011, Inmaculada Castilla de Cortázar, presidenta del Foro de Ermua dio una conferencia en Zaragoza sobre la política supuestamente antiterrorista del Gobierno de Rodríguez Zapatero. En el curso del coloquio que siguió después, ante unas treinta personas y tras cerciorarse de que no hubiera periodistas en la sala nos contó la historia que sigue y que hasta ahora no me he decidido a contar:

En un reciente acto de homenaje, no recuerdo si en memoria de Miguel Ángel Blanco o de Gregorio Ordóñez, y tras una misa y la colocación de una corona sobre la tumba, Inmaculada comprobó la presencia del juez Javier Gómez Bermúdez. Tras preguntar discretamente a unos y a otros y cerciorarse de que nadie le había invitado, se decidió a acercarse, por curiosidad. Le acompañaba el también miembro del Foro de Ermua, el historiador y jesuita Fernando García de Cortázar. Gómez Bermúdez demostró una gran cordialidad. Por lo visto hasta entonces no había hablado con nadie. Tras los saludos de rigor, Inmaculada le preguntó más o menos lo siguiente: “Oye, Javier, tú que conoces mejor que nadie el sumario del 11-M, a la vista de todo lo que se va sabiendo, Tytadine, Tedax..., ¿crees que algún día llegaremos a saber toda la verdad?”. Gómez Bermúdez tuvo al parecer un gesto paternal, o protector, rodeó a la mujer por los hombros y en tono confidencial le dijo: “Mira, Inma, la verdad del 11-M es tan terrible que España no está preparada para conocerla”. El reducido auditorio que escuchaba la historia guardaba un absoluto y expectante silencio, y a mí se me erizó el vello. Otros confesaron que a ellos les pasó lo mismo. Castilla de Cortazar se deshizo del brazo sobre los hombros y se dirigió a su amigo Fernando: “¿Has oído lo mismo que yo?”. Éste asintió. “Pues no creo que haya más que hablar”, dijo ella. Ambos se fueron sin despedirse apenas.

Observen la gravedad de la frase (“la verdad del 11-M es tan terrible que España no está preparada para conocerla”) y quien la pronuncia.

Conozco a varias de las personas que asistieron conmigo a la conferencia, que podrían testificar la veracidad de lo que digo.

Comprueben que yo escribí los dos artículos que siguen antes de que aquella conferencia se produjera.



Las palabras del juez Gómez Bermúdez explican su actuación, pero no la justifican: sabe algo que no conviene (que él ha decidido que no conviene) que los demás sepamos. Y lo que sabemos, la verdad oficial, que él bendijo con su sentencia, es mentira. Y él, juez, lo sabe. Él contribuyó y colaboró a crear esa mentira. Es por tanto, además de juez, un perfecto canalla. ¿Quién es él para decidir si España está o no preparada para saber la verdad? España no es España; España somos los españoles, y entre ellos hay una inmensa mayoría bastante más inteligente, formada y digna que el juez Gómez Bermúdez, aunque él en su soberbia piense lo contrario.

En otra charla, ésta de un líder político regional, ante otro auditorio también de unas treinta personas, éste nos contó cómo el día 11 de marzo de 2004, a media mañana, pocas horas después de que se produjera el atentado fueron convocados por el presidente Marcelino Iglesias en la sede del Gobierno autonómico aragonés. Asistieron a la reunión, además de los líderes de los partidos con representación parlamentaria en Aragón, el delegado del Gobierno, los líderes sindicales y patronales de Aragón y el alcalde Belloch. Se trataba de convocar una manifestación unitaria, hacer una declaración conjunta de condena...

Era, como digo, media mañana, entre las once y las doce, cuando Belloch atendió una llamada en su móvil. Cuando acabó, hizo callar a Marcelino en tono perentorio: “¡Espera, presidente, que esto es importante! Me dicen mis fuentes de Interior que podría tratarse de un atentado islamista”

Observen la hora: entre las once y las doce de la mañana. Sus fuentes de Interior. Belloch tenía fuentes en Interior. Que le informaron a él. ¿Cuándo informaron al ministro?

De nuevo hay un elevado número de personas que podrán testificar la veracidad de lo que digo. Cuento la historia como la oí, como la oímos todos.

Mi admirada Natalia Pastor escribió el día 25 de febrero de 2010 esta frase en un comentario a mi blog: “Existe la certeza generalizada de que tras el 11-M se esconde una verdad terrible que puede hacer saltar el sistema por los aires, y que ha llevado a que la mayoría de los poderes del Estado estén por no averiguar la verdad de lo ocurrido”. Oyendo las palabras de Gómez Bermúdez no cabe sino confirmar que, con toda evidencia, Natalia tenía razón.

Que el Plan Aurora, del que nuestro 11-M muy bien podría ser una variante, hubiera servido de inspiración para los atentados de Atocha me parece muy plausible: explosiones, periodo inmediato a las elecciones y el propósito evidente de provocar un vuelco electoral... Pero ello no implica necesariamente que hubiera políticos españoles detrás. Marroquíes, Al Qaeda, ETA.... Cualquiera podría haberse inspirado en la idea literaria de Forsyth, luego llevada al cine.

Pero, ¿y el papel desempeñado por la SER y especialmente por Gabilondo, las comparecencias públicas de Rubalcaba...? ¿Podría haber sido previsto eso desde fuera?

¿Y el desguace de los trenes y las pruebas falsas? ¿Y los suicidas de Lavapies?

La verdad, ciertamente, debe ser terrible, pero ¿estamos preparados para conocerla? ¿O quienes no están preparados realmente para que la sepamos son ellos?
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jueves, agosto 25, 2011

Reforma Constitucional (I)

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La Constitución española comienza su preámbulo diciendo “La Nación española (...) proclama su voluntad de:...”, y concluye esa parte preliminar: “En consecuencia, las Cortes aprueban y el pueblo español ratifica la siguiente Constitución”.

Y poco más adelante dice: “La soberanía nacional reside en el pueblo español...”

Sin embargo ahora existe la sospecha fehaciente de que la reforma constitucional que va a intentar establecer un límite al déficit público, prescripción ésta que tendría por tanto un rango superior que el que le otorgaría una ley orgánica, es una norma impuesta desde fuera, por Merkel y Sarkozy. Y el intento de aprobar esta reforma mediante su trámite parlamentario, excluyendo el trámite del referéndum, obligará -obligaría-, salvo que nos hagamos trampas al solitario, a modificar la última frase del preámbulo, puesto que habrá partes de esa Constitución no ratificadas por el pueblo español.

Ello añadirá una tacha, un tara más, a una Constitución, que como he dicho en repetidas ocasiones, acumula ya muchas (indefiniciones, inconcreciones, contradicciones, errores conceptuales graves que chocan con la esencia misma de la democracia..., además del fracasado Título VIII) y que no ha concitado -esto no es imputable a la Constitución- la imprescindible lealtad constitucional, tanto más necesaria por cuanto sus múltiples defectos la convierten en extremadamente vulnerable. Tan vulnerable es que hay muchos de sus preceptos que no se cumplen y las últimas reformas estatutarias la han desbordado y convertido en papel mojado.

¡Cómo estará de mal la cosa que a poco más de dos meses de las elecciones, en el tramo final de la legislatura, hay que acometer deprisa y corriendo una reforma constitucional de efectos más que dudosos!

Los dos partidos mayoritarios se han puesto de acuerdo, cuando hace un año Rubalcaba se mofaba del Partido Popular, cuando Rajoy formuló esta misma propuesta. Ello añade certidumbre a la teoría de la imposición externa. Y además, Rubalcaba, quien se creía hombre fuerte del partido -de hecho lo es, pero ya se ve que no disfruta de un poder absoluto, mientras el veleidoso Zapatero siga siendo presidente- ha tenido que sufrir la humillación de comerse sus palabras y será él quien tenga que negociar con su próximo rival la puesta en práctica de una medida que iba a figurar en el programa electoral del Partido Popular.

Reforma constitucional express

Hay quien sospecha -y yo soy uno de ellos- que Zapatero se está vengando de Rubalcaba. Lo ha dejado a los pies de los caballos. Lo ha humillado, le ha hundido buena parte de su discurso electoral al reconocer que era Rajoy quien tenía razón, y no Rubalcaba cuando se mofaba de Rajoy, y le ha dividido más aún al partido, en el peor momento posible, en pleno periodo preelectoral. Es difícil causar más rotos y en menos tiempo, salvo que haya una malvada e inteligente determinación. Aunque muchas veces la estupidez -y la de Zapatero está a estas alturas más que sobradamente acreditada- suple con ventaja a la determinación más malvada e inteligente. La proclamación de Rubalcaba como candidato no ha sido obra de Zapatero, sino del propio Rubalcaba. Fue este quien de hecho tomó las riendas del Gobierno en la crisis de los controladores, y yo sospecho que ya no las ha soltado desde entonces.


La pregunta estaba formulada en el contexto de la crisis de los controladores y aquellos extraños decretos de militarización primero y de declaración del estado de alarma después, alterando la secuencia lógica de los acontecimientos.

Pero esa misma pregunta -¿qué está pasando?- podría formularse ahora. Y la respuesta es obvia: Zapatero se está vengando.

Imagino que Rubalcaba arde en deseos de librarse de la molesta compañía de Zapatero, aunque sea para quedarse sólo como líder de la oposición, pero líder al fin, y aunque sea al frente de un Partido Socialista menguado, que es el futuro previsible.


Hay muchas otras cuestiones que analizar sobre la reforma constitucional:

1.- ¿Servirá de algo? ¿Bastaría con una Ley de Estabilidad Presupuestaria?

2.- Si España se ciñe a sí misma un dogal, limitando unilateralmente su soberanía económica, es obvio que limita también la autonomía de las comunidades autónomas -partes del Estado- en esa sensible cuestión. ¿Cómo reaccionarán los nacionalistas? Ya se está viendo: mal.

3.- ¿Debe someterse a referéndum esta reforma?

4.- ¿Qué pasa con el resto de reformas constitucionales pendientes y ampliamente demandadas (la prelación en la sucesión a la Corona, la reforma del Senado, el cierre del modelo autonómico (poner punto final a las transferencias) y las cesiones de soberanía a que obliga nuestra integración en Europa)?

5.- ¿Qué está pasando en el seno del PSOE?

6.- ¿Es legítimo sostener el Estado de Bienestar con el recurso a la deuda, que habrán de pagar nuestros hijos?

Hablaré de ello próximamente.
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miércoles, agosto 24, 2011

Depósitos de Casablanca. Zaragoza


Addeda 1: Ese enorme chorro de agua, que debe rondar los veinte metros, no está producido por bombas de impulsión sino por la propia presión de la tubería que trae el agua desde el embalse de la Loteta.

Addenda 2: Prometo escribir sobre la anunciada reforma constitucional, cuando venza la pereza.
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lunes, agosto 22, 2011

Democracia bonita



Democracia (e investigación) para policías

Morroputa

En uno de los capítulos de Oregonés para foranos se explicaba el significado de morroputa: aquel a quien le gustan las cosas exquisitas.

En algún foro he leído que además debe cumplir el requisito de desconocer su valor. Ello hace que el morroputa más genuino sea aquel invitado gozoso de la generosidad de su anfitrión.

En el ejemplo que sigue, los anfitriones hemos sido nosotros, los contribuyentes aragoneses.

Pero, ¿y a quien no le gustan las cosas exquisitas? Ahí no hay diferencias ideológicas. O quizás sí, aunque posiblemente tenga más que ver el origen social que la ideología. Quizás quien más aprecia lo bueno sea quien nunca lo ha disfrutado o ha llegado tarde a su disfrute. De éstos últimos parece que ha habido muchos en el socialismo español.

Ayer se conoció en la prensa, lógicamente porque lo habrá filtrado el nuevo gobierno, que tiene ahora datos a los que antes no tenía acceso, que Marcelino Iglesias disponía de un cocinero personal y un ayudante de cocina cuyos sueldos sumaban 5.600 euros al mes. Luisa Fernanda Rudi ha decidido prescindir de ellos y come y ofrece a sus invitados el mismo menú que el de los trabajadores de la sede de la administración autonómica. Un menú que cuesta 6,30 euros.
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Entre los meses de enero y mayo de este año, Marcelino Iglesias ofreció hasta 1.450 comidas con un coste medio diario de 178 euros. En estos primeros cinco meses del año el hombre se ha gastado en vituallas más de cinco mil euros cada mes, lo que sumando al sueldo del cocinero y su ayudante ha supuesto un gasto de unos once mil euros mensuales, casi dos millones de pesetas.

Ahora, una vez perdida la presidencia del Gobierno de Aragón, el señor Iglesias ocupa, como ya saben, quizás por su acreditada e intachable ortodoxia socialista -lo del cocinero es la prueba definitiva de la ortodoxia socialista-, la Secretaría General de Organización del Partido Socialista Obrero Español (les confesaré que me ha entrado la risa al escribir “Obero”). No sé si allí, en la sede socialista, le darán de comer tan bien como le hemos dado los aragoneses en estos últimos doce años.

Orwell retrató perfectamente a este tipo de especimenes. Recuerden: “todos los animales son iguales, pero algunos más iguales que otros”.

PD.: Cuentan que el señor Iglesias fue vaquero -pastor de vacas- en su juventud, un oficio dignísimo, allá en su pueblo natal, Bonansa, a pocos kilómetros de Pont de Suert. Conozco Bonansa. Es una tierra pobre aquella.
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domingo, agosto 21, 2011

Sobre imbéciles y malvados

Gran artículo de Arturo Pérez-Reverte

No quiero, señor presidente, que se quite de en medio sin dedicarle un recuerdo con marca de la casa. En esta España desmemoriada e infeliz estamos acostumbrados a que la gente se vaya de rositas después del estropicio. No es su caso, pues llevan tiempo diciéndole de todo menos guapo. Hasta sus más conspicuos sicarios a sueldo o por la cara, esos golfos oportunistas -gentuza vomitada por la política que ejerce ahora de tertuliana o periodista sin haberse duchado- que babeaban haciéndole succiones entusiastas, dicen si te he visto no me acuerdo mientras acuden, como suelen, en auxilio del vencedor, sea quien sea. Esto de hoy también toca esa tecla, aunque ningún lector habitual lo tomará por lanzada a moro muerto. Si me permite cierta chulería retrospectiva, señor presidente, lo mío es de mucho antes. Ya le llamé imbécil en esta misma página el 23 de diciembre de 2007, en un artículo que terminaba: «Más miedo me da un imbécil que un malvado». Pero tampoco hacía falta ser profeta, oiga. Bastaba con observarle la sonrisa, sabiendo que, con dedicación y ejercicio, un imbécil puede convertirse en el peor de los malvados. Precisamente por imbécil.

Agradezco muchos de sus esfuerzos. Casi todas las intenciones y algunos logros me hicieron creer que algo sacaríamos en limpio. Pienso en la ampliación de los derechos sociales, el freno a la mafia conservadora y trincona en materia de educación escolar, los esfuerzos por dignificar el papel social de la mujer y su defensa frente a la violencia machista, la reivindicación de los derechos de los homosexuales o el reconocimiento de la memoria debida a las víctimas de la Guerra Civil. Incluso su campaña para acabar con el terrorismo vasco, señor presidente, merece más elogios de los que dejan oír las protestas de la derecha radical. El problema es que buena parte del trabajo a realizar, que por lo delicado habría correspondido a personas de talla intelectual y solvencia política, lo puso usted, con la ligereza formal que caracterizó sus siete años de gobierno, en manos de una pandilla de irresponsables de ambos sexos: demagogos cantamañanas y frívolas tontas del culo que, como usted mismo, no leyeron un libro jamás. Eso, cuando no en sinvergüenzas que, pese a que su competencia los hacía conscientes de lo real y lo justo, secundaron, sumisos, auténticos disparates. Y así, rodeado de esa corte de esbirros, cobardes y analfabetos, vivió usted su Disneylandia durante dos legislaturas en las que corrompió muchas causas nobles, hizo imposibles otras, y con la soberbia del rey desnudo llegó a creer que la mayor parte de los españoles -y españolas, que añadirían sus Bibianas y sus Leires- somos tan gilipollas como usted. Lo que no le recrimino del todo; pues en las últimas elecciones, con toda España sabiendo lo que ocurría y lo que iba a ocurrir, usted fue reelegido presidente. Por la mitad, supongo, de cada diez de los que hoy hacen cola en las oficinas del paro.

Pero no sólo eso, señor presidente. El paso de imbécil a malvado lo dio usted en otros aspectos que en su partido conocen de sobra, aunque hasta hace poco silbaran mirando a otro lado. Sin el menor respeto por la verdad ni la lealtad, usted mintió y traicionó a todos. Empecinado en sus errores, terco en ignorar la realidad, trituró a los críticos y a los sensatos, destrozando un partido imprescindible para España. Y ahora, cuando se va usted a hacer puñetas, deja un Estado desmantelado, indigente, y tal vez en manos de la derecha conservadora para un par de legislaturas. Con monseñor Rouco y la España negra de mantilla, peineta y agua bendita, que tanto nos había costado meter a empujones en el convento, retirando las bolitas de naftalina, radiante, mientras se frota las manos.

Ojalá la peña se lo recuerde durante el resto de su vida, si tiene los santos huevos de entrar en un bar a tomar ese café que, estoy seguro, sigue sin tener ni puta idea de lo que vale. Usted, señor presidente, ha convertido la mentira en deber patriótico, comprado a los sindicatos, sobornado con claudicaciones infames al nacionalismo más desvergonzado, envilecido la Justicia, penalizado como delito el uso correcto de la lengua española, envenenado la convivencia al utilizar, a falta de ideología propia, viejos rencores históricos como factor de coherencia interna y propaganda pública. Ha sido un gobernante patético, de asombrosa indigencia cultural, incompetente, traidor y embustero hasta el último minuto; pues hasta en lo de irse o no irse mintió también, como en todo. Ha sido el payaso de Europa y la vergüenza del telediario, haciéndonos sonrojar cada vez que aparecía junto a Sarkozy, Merkel y hasta Berlusconi, que ya es el colmo. Con intérprete de por medio, naturalmente. Ni inglés ha sido capaz de aprender, maldita sea su estampa, en estos siete años.

PD.: Gran artículo, como he dicho. Pero a pesar de todo, ¿no pecará de ingenuo Pérez-Reverte?: "Agradezco muchos de sus esfuerzos. Casi todas las intenciones y algunos logros me hicieron creer que algo sacaríamos en limpio..." Porque observen que se está refiriendo a lo que más ha caracterizado ideológicamente a nuestro lamentabilísimo presidente, al arrumbamiento de la genuina ideología de izquierdas, que posiblemente nunca tuvo, por la estrictamente pseudoprogre. Que ha impuesto con descarnado sectarismo.
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viernes, agosto 19, 2011

Montañas desconocidas


Esta foto es de mi amigo Sergio, durante las pasadas vacaciones en el alto valle del Cinca. Pero no sé de qué montañas se trata.

En todo caso, le salió una foto soberbia.
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miércoles, agosto 17, 2011

Liberalización del suelo

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Se atribuye la crisis económica española, o mejor dicho, sus graves peculiaridades, a la burbuja inmobiliaria. Algo que sólo es cierto en parte.

En mi opinión, la crisis financiera internacional, que ha tenido el efecto de una tormenta muy potente sobre un barco mal preparado para afrontarla, ha dejado al descubierto cuatro debilidades específicas española.

- El modelo económico basado en el monocultivo del ladrillo sería la primera, pero no la única.

- La segunda no es exactamente específica nuestra, sino propia de los países desarrollados y es nuestro desarme comercial frente a los productos manufacturados de los países emergentes producidos en régimen de dumping social. El hecho de que hayamos centrado nuestros esfuerzos en un sector que no produce bienes exportables, como la construcción, descuidando la industria, nos ha hecho en este aspecto más vulnerables que el resto de los países desarrollados. No vincular las normas liberalizadoras del comercio internacional a un control de las normas laborales y a la protección social de los trabajadores es un suicidio. La OIT y la OMC deben trabajar en absoluta coordinación. Lo contrario supone un desarme estúpido y condenar a los trabajadores occidentales a renunciar a los derechos sociales alcanzados en los dos últimos siglos de lucha obrera. O eso o el paro masivo y de larga duración.

- La inmigración incontrolada tiene sobre el mercado de trabajo los mismos efectos que la importación en masa de productos manufacturados producidos a bajo precio, con el agravante de que en este caso asumimos mediante nuestras infraestructuras asistenciales, educativas o sanitarias la atención a una población muy superior a la prevista y que no ha cotizado para crearlas ni mantenerlas. Algo fuertemente comprometedor para la sostenibilidad del sistema.

- La hipertrofia administrativa de estos últimos años y las inversiones ruinosas pueden parecer, vistas desde fuera, un síntoma de irresponsabilidad casi patológica. Y posiblemente lo sean. No es extraño que los europeos se hayan escandalizado con ejemplos como el del aeropuerto de Ciudad Real, que no es ni mucho menos único.

Pero hoy quiero centrarme en la liberalización del suelo, aprovechando la publicación de uno de los artículos más claros y didácticos que he leído nunca sobre la cuestión. Es corto y sencillo de entender.


Una de las falacias más extendidas y arraigadas en los últimos ha sido la de atribuir al intento de liberalización del suelo del PP, durante el gobierno de Aznar, la creación de la burbuja inmobiliaria. Tanto es así que el propio Rodríguez Zapatero se lo echó en cara a Rajoy en el curso de un debate televisado. Éste replicó airado, pero no fue suficientemente didáctico. En realidad la Ley del Suelo del PP nunca llegó a aplicarse al ser declarada inconstitucional por invadir competencias autonómicas. El recurso que la dejó sin efecto fue presentado por el PSOE y CiU. Ciertamente, el modelo de regulación del suelo que se ha aplicado desde el franquismo hasta la fecha, fuertemente intervencionista, ha sido el modelo socialista.

Siempre he sostenido que las vigentes normas urbanísticas españolas y especialmente la que regula el suelo han conseguido el despropósito de convertir un bien abundante, el suelo, en un bien escaso, el suelo urbanizable.

Observen lo que señala Álvaro Nadal, del PP: "Liberalizar significa que la firma del concejal de urbanismo no valga dinero". Un incentivo menos para la corrupción. Conseguir algo tan elemental parece un sueño que nunca hemos visto hecho realidad en España. Pero es bonito soñar...

No obstante, la liberalización del suelo, es cierto, llega tarde. El sotck de viviendas es tal que su efecto revitalizador sobre la construcción hoy sería muy escaso.



En cualquier caso, es una de las medidas pendientes y necesarias en España.
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martes, agosto 16, 2011

Los cuatro niveles de la Administración

Los cuatro niveles, en Aragón, son cinco.

Rubalcaba, el próximo candidato socialista a la presidencia del Gobierno español ha declarado, refiriéndose a los cuatro niveles de la Administración española, municipal, provincial, autonómica y estatal, que las diputaciones provinciales sobran. Y miren por dónde, yo estoy de acuerdo, algo que consideraba casi imposible que sucediera. Pero quizás el hecho de poder estar de acuerdo con alguien que en su conjunto me suscita tanto rechazo y desconfianza signifique, simplemente y sin falsas modestias, que soy bastante menos sectario de lo que algunos me atribuyen por esos foros de Dios.

La Razón, periódico nada sospechoso de afinidad o simpatía por Rubalcaba, dice que este es “uno de los debates más polémicos pero a la vez necesarios en estos tiempos de crisis”. Significativo.

Es divertido observar la indefinición y cautela con que se mueven unos y otros. José Blanco dijo no hace mucho algo parecido, siendo inmediatamente “matizado” por otros pesos pesados de su partido. Luego fue Zapatero quien se sumó a la iniciativa. Y hoy es Rubalcaba el que retoma la propuesta. ¿Se atreverán ahora a “matizarle”?

No obstante, sería pecar de ingenuo ignorar que estas propuestas socialistas se formulan una vez que han perdido el poder de la gran mayoría de diputaciones provinciales españolas, después de las últimas elecciones municipales, y no antes. Precisamente quien tiene más dificultades para suprimir una administración es el único que puede hacerlo, quien la gobierna, porque es su gente la que ocupa ahora sus puestos directivos. Es un verdadero dilema moral al que se enfrenta quien gobierna cuando debe recortar gastos y estructuras administrativas.

Claro que Rajoy, próximo candidato popular propone cosas distintas pero parecidas, como contener el gasto, acabar con las duplicidades, suprimir algunas entidades (organismos autónomos, entes públicos, fundaciones...) y no incrementar el número de empleados público



Una competencia, una Administración

Algo esto último, atribuir cada competencia a una sola Administración pública, que dejaría los ayuntamientos, por ejemplo, con la mitad de su presupuesto, personal y estructura. Si ello se lograra sin que los ciudadanos dejasen de recibir las servicios que hoy prestan los ayuntamientos en forma de competencias impropias -que pasarían a ser ejercidas por la administración a la que realmente corresponden, normalmente la autonómica- no cabe duda de que se habría dado un paso de gigante en la disminución del gasto público. Y aún quedaría amplio margen para recortar.

El PP se ha opuesto, a mi juicio precipitadamente, a esa propuesta.

El PP acusa a Rubalcaba de 'olvidar a los 15 millones que viven en pueblos pequeños'

Porque obsérvese que las comunidades autónomas uniprovinciales han prescindido ya de las diputaciones provinciales, siendo la Administración autonómica la que ha asumido esas competencias. Y observen que si eso ha sido posible en las uniprovinciales, no existe ningún motivo organizativo ni competencial que impida a las pluriprovinciales hacer lo mismo. ¿No hay pueblos pequeños en las comunidades uniprovinciales? Hoy hay doce provincias españolas que no tienen diputaciones provinciales, contando las uniprovinciales, las dos provincias canarias que tienen cabildos insulares y las tres provincias vascongadas cuyas diputaciones forales exceden en mucho el papel y las competencias de las diputaciones provinciales del resto de España.

El PP debería hacer una reflexión sobre el tema antes de que sus líderes hicieran declaraciones espontáneas y poco meditadas sobre el particular. La existencia o no de las diputaciones provinciales no es un tema ideológico en el que haya una unidad de criterio entre sus votantes, sino una mera cuestión de organización administrativa que puede suscitar discrepancias si no se aborda con cuidado y rigor. El debate, y basta buscar en Internet, es muy vivo y actual. Ese -junto con algunos más que sería prolijo explicar- sería uno de los puntos en que el consenso entre los dos grandes partidos aparece como más deseable y necesario.

Cuestión aparte es el de la supuesta modificación constitucional que requeriría la supresión de las diputaciones:

Artículo 137 de la Constitución española: El Estado se organiza territorialmente en municipios, en provincias y en las Comunidades Autónomas que se constituyan. Todas estas entidades gozan de autonomía para la gestión de sus respectivos intereses.

Artículo 141 de la Constitución española:

1. La provincia es una entidad local con personalidad jurídica propia, determinada por la agrupación de municipios y división territorial para el cumplimiento de las actividades del Estado. Cualquier alteración de los límites provinciales habrá de ser aprobada por las Cortes Generales mediante ley orgánica.

2. El gobierno y la administración autónoma de las provincias estarán encomendados a Diputaciones u otras Corporaciones de carácter representativo.

En esas comunidades uniprovinciales no ha sido necesaria ninguna reforma constitucional para la supresión de las diputaciones, bastando, parece ser, con la administración de la Comunidad Autónoma a la que se considera apropiadamente, de acuerdo con el último artículo citado, una Corporación de carácter representativo.

En Italia han asumido una fuerte reducción administrativa mientras aquí seguimos unos y otros mareando la perdiz:

Berlusconi suprime 36 provincias, 50.000 cargos públicos y los 'puentes'

¿Son esas medidas de simplificación administrativa y ahorro público más urgentes en Italia que en España? Sinceramente, creo que no. Nuestra situación es sin duda más dramática y difícil, especialmente por nuestro inasumible número de parados. La necesidad de reactivar nuestra economía es por tanto mucho más perentoria. Y sin embargo, allí toman decisiones valientes y necesarias, y aquí no.

Pero decía al principio que en Aragón hay cinco administraciones: aquí tenemos las comarcas, con sus presidentes, consejeros comarcales, personal funcionario o contratado, estructura administrativa, sedes y coches oficiales. Si el nuevo líder socialista propugna ahora la desaparición de las diputaciones (por cierto, la de Huesca es una de las pocas que todavía conserva el PSOE), ¿qué dirán los socialistas aragoneses de las comarcas que han constituido y hecho crecer bajo su mandato?

Tampoco es sencillo comprender las decisiones del PP aragonés sobre las comarcas y sus aparentes cambios de criterio, salvo por sus compromisos con su socio de gobierno, el PAR, fuertemente comprometido con esa administración territorial, donde tiene su caladero de votos.

Rudi propone suprimir algunas consejerías y quitar «peso político» a las comarcas

Suárez ajustará las comarcas para darles mayor «musculatura»

Entre el propósito de Rudi de quitar «carga política» a las comarcas y el anuncio de Suárez de darles mayor «musculatura» hay un amplio margen para el desconcierto de sus votantes que deberían esforzarse en despejar cuanto antes.

El tema de la reducción de administraciones (por la que estoy seguro que abogan la mayor parte de los votantes de derechas) va a ser objeto de inevitable debate y controversia electoral dentro de muy poco, y el error en los postulados, la precipitación en las declaraciones, las indefiniciones o, peor aún, las contradicciones entre los mensajes de unos y otros, y los previos y posteriores a las últimas tomas de poder (como en Aragón de forma más patente) generarán esos peligrosos vacíos políticos a los que me he referido en tantas ocasiones, que otros se apresuran a llenar.

PD.:

He escrito este artículo antes de leer la noticia del Heraldo:

Rubalcaba cree que las diputaciones provinciales «sobran» tal y como están configuradas

Lean, por favor, los comentarios.
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lunes, agosto 15, 2011

Una larga lista de errores

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Las hemerotecas son tan fantásticas para los ciudadanos como temibles para los políticos.

Conviene leer lo que escribía Belloch en el año 2002 de la reforma emprendida por el entonces alcalde de Zaragoza, José Atarés, en el paseo de la Independencia de Zaragoza y del tratamiento de los restos arqueológicos aparecidos en él.

Y conviene leerlo para comparar lo que entonces denunciaba con lo que luego ha hecho él mismo de forma corregida y aumentada.



El problema del tranvía en Zaragoza y por el trazado propuesto y acometido por Belloch, lo he dicho otras veces, es que no soluciona nada que no estuviera ya resuelto o que no pudiera resolverse de forma más barata y eficaz de otra manera y sin tantas afecciones. Pero el tranvía es un capricho personal del alcalde y el hombre cuando se encapricha no cede ni aunque se hundan los cielos o, peor, se amontonen encima de su mesa informes técnicos y económicos adversos.

Lean lo que pasó con el azud del Ebro y su proyecto de hacerlo navegable por Zaragoza:


En las obras de Independencia hubo que paralizar el proyecto de aparcamiento por la aparición de restos de menor entidad, sin ningún valor artístico ni monumental: unos simples cimientos de adobe que en el breve tiempo que permanecieron expuestos a la intemperie se deshacían con la lluvia, en todo semejantes a los de las miles de parideras aragonesas, que una vez estudiados con toda la minuciosidad que hubiera hecho falta, cartografiados, fotografiados, desmontados incluso y trasladados a otra parte, podrían haberse levantado para concluir el proyecto inicial. Algo que en su momento levantó en armas a toda la izquierda y al establishment cultural zaragozano. Nunca se sacrificó tanto para conservar tan poco. Sin embargo ahora, como ya sucedió años antes con las obras del parking de la plaza del Pilar (gobernaban entonces también los socialistas), las obras del segundo tramo del tranvía se han acometido sin el preceptivo permiso de la Comisión Provincial de Patrimonio del Gobierno de Aragón ni control arqueológico alguno.



Este es el alcalde que tenemos, caprichoso y megalómano, por encima de la ley, que gobierna Zaragoza con sólo diez concejales socialistas frente a los quince populares, aunque con la inestimable colaboración de los seis que suman Izquierda Unida y Chunta Aragonesista.

PD.: Sueño con el día que salga a la luz la historia de los restos arqueológicos de la época romana y de las ánforas aparecidas en las obras del parking de la plaza del Pilar, según cuentan las leyendas urbanas que circulan por Zaragoza. Si es que quedan datos y pruebas documentales o gráficas de aquel expolio.
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domingo, agosto 14, 2011

En la vieja casa familiar

Pequeñito y asustado.

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Linchamiento

«Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él.» (Jonathan Swift)

Humberto Vadillo tiene un problema: es brillante. Posiblemente no sea un genio, pero es brillante. Y dice -y lo dice con admirable elocuencia- lo que mucha gente piensa y no se atreve a decir. Algo muy mal visto en un país donde lo políticamente correcto es lo políticamente obligatorio. Por su faceta de columnista habitual en Libertad Digital ha dejado abundante huella de su pensamiento político, que, como no podría ser de otra manera, ha molestado a nacionalistas y progres. O a quienes dicen serlo, aunque no necesariamente lo sean.

Humberto Vadillo es demócrata cabal, aunque sus nuevos enemigos se empeñen en adscribirlo a la extrema derecha. Y es liberal. Pero no tiene complejos, y eso está muy mal visto entre quienes piensan que la gente de derechas debe avergonzarse de serlo. Y por supuesto abstenerse de manifestarlo, si no con orgullo, sí con naturalidad.

Que alguien de izquierdas emplee epítetos como la “caverna” para referirse a los medios de derechas, o peores -“facha” es muy habitual en ellos- está socialmente admitido. Que alguien de derechas emplee algún calificativo despectivo hacia la izquierda lo condena a la hoguera y lo estigmatiza como intolerante y fascista. Porque la izquierda, ya se sabe, al contrario que la derecha, defiende todo lo noble y bueno, y sólo eso: lo mismo la Igualdad que la Libertad (pero además la Libertad sin Responsabilidad), la Cultura, el Arte... Suele obviarse, por incómodo, que sus referentes ideológicos provienen de Marx, Engels, Lenin o Stalin... O en España de Pablo Iglesias, Largo Caballero, Dolores Ibarruri o Santiago Carrillo.

Humberto Vadillo ha empleado el término titiriteros para referirse a esos “culturetas” pseudoprogres que al reclamo de la subvención y los contratos administrativos privilegiados han apoyado estos últimos años a Zapatero y enseguida se han alzado voces reivindicando la dignidad, no de los culturetas, sino de los titiriteros. Como si al llamar carnicero a un mal cirujano se estuviera insultando a los carniceros y no a ese cirujano. Los necios, ya se sabe, conjuran...

Conozco a directores generales recién nombrados, con merecida fama de vagos e inútiles, absolutamente desprestigiados profesionalmente -¡qué dramáticos errores sus nombramientos!-, a los que yo no encomendaría ni la responsabilidad de un negociado. Y nadie ha pedido su dimisión. Y que acabarán su mandato sin haber hecho nada, totalmente desapercibidos y a los que nadie citará jamás ni pedirá responsabilidades.



La izquierda se revuelve, y es lógico, hacia quien más daño puede hacerle. Es por eso, por ejemplo, que atacan con más saña a Esperanza Aguirre que a Gallardón.
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