lunes, enero 31, 2011

Nuestros errores colectivos: las comarcas

Hacer las cosas bien no garantiza el éxito. Pero hacerlas mal garantiza el fracaso.

Para cualquiera que repase nuestra historia reciente es evidente que hemos cometido muchos -demasiados- errores colectivos. Tantos que sería milagroso, salvo en un contexto especialmente favorable, que ahora estuviéramos en una situación desahogada. La crisis en la que nos hallamos y los problemas que nos aquejan no son casuales ni fortuitos, sino merecidos, consecuencia de nuestros errores. No estamos como estamos precisamente por una feliz concurrencia de aciertos, sino todo lo contrario.

Este de las comarcas no es ni mucho menos el mayor ni el más grave de nuestros errores colectivos, pero es uno que me toca de cerca, por aragonés, aunque creo que alguna otra comunidad autónoma también ha incurrido en esta estupidez colectiva.

Efectivamente, Aragón hace ya años acometió un proceso de descentralización interna con la comarcalización, de la que la primera referencia normativa que he hallado data nada menos que del gobierno de José Marco, socialista y presidente fugaz, que accedió a la presidencia de la Diputación General de Aragón por medio de una moción de censura y fue descabalgado por una sentencia judicial por la apropiación de un sillón (¡qué tiempos!)


La comarcalización en Aragón siempre disfrutó de un amplio consenso de todos los partidos políticos, aunque posiblemente no representaran ni la voluntad ni el deseo de sus bases ni del electorado, que, como es bien sabido, nunca son consultadas. Estoy convencido que un referéndum sobre el tema demostraría, posiblemente en esta cuestión más que en ninguna otra, la total falta de sintonía entre la sociedad aragonesa y sus representantes. Y es que estoy también convencido de que, al menos en Aragón y posiblemente en el conjunto de España, estamos muy poco y muy mal representados. ¿Quién nos representa en Aragón a los ciudadanos, no sé si muchos o pocos, que estamos en contra de las comarcas?


Una de las razones que se argumenta es el manido “principio de subsidiariedad”, con el que se pretende acercar la administración al ciudadano. Un principio que a mi juicio debe confrontarse con otros dos: el de eficiencia económica y el de la intromisión de intereses personales demasiado próximos.

Pero hay más, señor, no solo es que no se acerca la administración del Estado inexistente ya. Es que el peligro de corrupción se acrecienta en la medida en que el poder del Estado se transfiere, señor. Sepa que, como norma básica, se debe impedir que el administrador vea la cara al administrado. Se evitará así, mi estimado español, que este vea a un pariente o amigo al que le resultará difícil no beneficiar. ¿Dudáis de lo que digo?

En una época en que la información y las transferencias de capitales se producen de forma instantánea entre cualquier lugar del mundo, en que es más rápido viajar de Zaragoza a Madrid que a Benasque o Albarracín, en una época en que se transfieren parcelas de soberanía a entes supranacionales como la Unión Europea, donde las crisis financieras en Wall Street o los problemas económicos de Japón nos afectan directamente, el principio de subsidiariedad tiene un valor muy relativo. ¿Para qué queremos tener unas Cortes de Aragón, tan teóricamente cercanas, si el Gobierno de Aragón niega sistemáticamente la información que le requieren los diputados de la oposición?

La estructura de la administración autonómica aragonesa se encuentra plenamente desconcentrada (no confundir desconcentración con descentralización). Dispone de dos Delegaciones del Gobierno en Huesca y Teruel, de los Servicios Provinciales de cada uno de sus Departamentos en las tres provincias, de Oficinas Delegadas en las poblaciones más importantes (Calatayud, Ejea de los Caballeros, Tarazona, Alcañiz, Calamocha, Fraga, Jaca y Barbastro) y de Oficinas Comarcales.

Con ese nivel de desconcentración, ¿qué papel, qué sentido tienen las comarcas? ¿Son necesarias?

Cuando se puso en marcha el proceso anticipé que se trataba de un proyecto de captación clientelar. No me equivoqué, pero sin duda me quedé muy corto.

Es difícil encontrar información fiable a pesar de la aparente (y sólo aparente) transparencia del Gobierno de Aragón. El coste de las comarcas, el porcentaje de personal contratado (discrecionalmente) respecto al personal funcionario (mediante oposición), los gastos en sedes, coches oficiales… todo eso permanece inaccesible al ciudadano.


El principal valedor de las comarcas es en Aragón el PAR, quien tiene en el medio rural su mayor cantera de votos. Y precisamente su condición de bisagra impide un pronunciamiento claro de los dos partidos mayoritarios (PSOE y PP) en contra de las comarcas, a pesar de que la situación económica haría aconsejable y seguramente ineludible su desmantelamiento. Pero no es desdeñable su capacidad como nicho de colocación y fidelización de la militancia de quien gane las elecciones.

Me resulta especialmente preocupante que ni siquiera el PP se plantee la eliminación de las comarcas, arguyendo que se encuentra en el Estatuto de Autonomía (cuya reforma se aprobó en las Cortes pero nunca fue sometido al refrendo de los aragoneses), si bien preferiría, dicen, revisar el modelo comarcal y reducir su estructura, quitarle «carga política» y que sean entidades dedicadas estrictamente a prestar servicios a la población de sus respectivos territorios. Pero con la actual estructura desconcentrada de la Administración aragonesa, insisto ¿qué sentido tienen las comarcas?

Observen que incluso Felipe González propone, sin referirse a las comarcas ni al modelo específico de Aragón, por eliminar Administraciones redundantes.


Observen que él aboga por quedarnos con cuatro administraciones: local, autonómica, estatal y europea, suprimiendo las intermedias. No cita las comarcas, pero es evidente que se refiere también a ellas. Si las diputaciones son redundantes, qué no serán las comarcas.

Es por eso que, aunque nunca pensé que lo diría (quién me lo iba a decir a mí), estoy absolutamente de acuerdo con Felipe González (pero no creo que le hagan caso ni siquiera en su partido)

Ya se sabe que en esta tierra de María Santísima (me refiero a la del Pilar) las propuestas sensatas tienen muchas menos posibilidades de prosperar que las propuestas estúpidas.

¿Qué partido se atreverá a proponer un referéndum sobre las comarcas?
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viernes, enero 28, 2011

Pabellón Puente. Zaragoza

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La Expo y el Tribunal de Cuentas

La Expo (Zaragoza, 2008) siempre me pareció una catetada. Fui por compromiso un día y me aburrí. Nunca pude entender el entusiasmo que suscitaba en la gente (en determinada gente), salvo por el hecho evidente de que “hay gente pa tó”.

Uno de los argumentos con que se justifica y aún pondera aquella bendita Expo es porque permitió acometer o finalizar infraestructuras zaragozanas largo tiempo pendientes. Y es curioso que quienes más las valoran sean luego quienes menos las usan. Por el contrario, precisamente yo me encuentro en el grupo de esos ciudadanos que más las usamos, ciclistas y paseantes. Pero algo que siempre me ha resultado evidente es que esas infraestructuras hubieran podido hacerse con la cuarta parte del dinero que costó toda aquella parafernalia pretenciosa y vacua de que se les rodeó. Y muchas de ellas, incluso, han sido inútiles, innecesarias y sin demanda ciudadana ni uso posterior que las justifique.

Siempre imaginé, y lo dije, que la “postexpo” sería tan ruinosa como lo fue la de Sevilla en el 92. Y al final ha sido así, aunque la crisis haya servido de perfecta coartada para todos esos fracasos, que, se argumenta, sin ella hubieran sido éxitos. Y es que con la crisis les ha venido Dios a ver. Ya tienen excusa para su incompetencia.

Pero el problema es que aquel fiestorro fue un prodigio de improvisación, descontrol, gasto desproporcionado y opacidad de las cuentas públicas, como ahora acaba de demostrar el Informe del Tribunal de Cuentas, que se viene a sumar, en Aragón, al que recientemente se publicaba sobre las cuentas de la comunidad durante los años 2004 y 2005.

La secuencia de noticias y comentarios que ha suscitado es impresionante y preocupante:






Y cómo no, el alcalde y el vicealcalde de Zaragoza se defienden atacando:



Un comportamiento que demuestra un escaso talante democrático y una evidente falta de respeto institucional:


En definitiva, según el informe del Tribunal de Cuentas, aproximadamente la mitad de la deuda actual del Ayuntamiento está vinculada con la Exposición Internacional.

¿Alguien puede extrañarse de que estemos en crisis? Lo extraño sería que no lo estuviéramos.
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miércoles, enero 26, 2011

La conjura de los necios

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Ya en tiempos escribí un artículo con este título. Pero es que tiene una vigencia ilimitada.

La necedad se renueva, se multiplica, se amplía…

Saben todos ustedes en qué penosa situación económica nos hallamos, en donde todos los recursos debieran destinarse a la creación de riqueza, a infraestructuras y organización productiva, a asistencia social (cada día más perentoria) o, en lo posible, a amortizar la deuda que nos asfixia o pagar sus intereses.

Pues bien, lean esta noticia:


El consorcio para la candidatura de Zaragoza-Pirineos a los Juegos Olímpicos del 2022, presidido por el alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, y del que la nueva vicepresidenta es Eva Almunia, próxima candidata a la presidencia del Gobierno de Aragón, es una colección de necios conjurados para arruinarnos y ridiculizarnos, que todavía no se han debido enterar de que estamos en crisis o a los que quizás ni les importe.

Por cierto, la sede de esos Juegos Olímpicos de Invierno todavía no se ha decidido. De hecho, la candidatura ganadora se proclamará en el verano de 2015.

De momento compiten China, España, Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda y Chile.

Fíjense que no hay ni instalaciones ni sedes decididas, pero en breve habrá logo.


¿Ustedes creen que con casi cinco millones de parados, con más de un 40% de paro juvenil y con los comedores sociales saturados podemos estar encargando logotipos de candidaturas olímpicas a once años vista?
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martes, enero 25, 2011

La mano en la caja

José Marco
José Marco fue un personaje peculiar que en su tiempo alcanzó cierta fama (bastante, en realidad) en Aragón. Llegó a ser presidente del gobierno autonómico.

Su gobierno, es cierto, fue breve y salpicado de escándalos. Llegó a presidente de la Diputación General de Aragón a mitad de legislatura, gracias a una moción de censura en la que fue apoyado por un diputado tránsfuga del PP. Sin embargo, ni siquiera llegó a concluir el mandato pues fue condenado por la apropiación de un sillón de la Diputación Provincial de Zaragoza, de la que había sido presidente con anterioridad, él, que siendo empresario de éxito, podría haberse comprado miles de ellos. Fue igualmente procesado por unas escuchas ilegales, a consecuencia de lo cual fue inhabilitado para el ejercicio de cargo público, aunque para entonces ya había sido expedientado por su partido y suspendido de militancia. Actualmente se dedica a sus negocios como propietario de una gran empresa aragonesa de transportes.

La historia del sillón siempre me recordó la condena de Al Capone por un delito menor, frente a los muchos que protagonizó en su vida, y de los que conseguía salir absuelto gracias a las artimañas legales de sus abogados y a la falta de pruebas.

Juan Alberto Belloch
Estos días ha surgido en la prensa aragonesa la noticia de otro de estos temas menores que demuestran la falta de respeto que llegan a tener ciertos políticos por el dinero público; falta de respeto que llega a la obscenidad.

Gracias a esa noticia nos hemos enterado de que Juan Alberto Belloch, el actual alcalde de Zaragoza y antiguo ministro de Justicia e Interior en el gobierno de Felipe González, ejerció en sus primeros años de profesión en la isla de la Gomera, islas Canarias, siendo nombrado años después hijo adoptivo de San Sebastián de la Gomera.

Pues bien, hace unos meses el equipo de fútbol de San Sebastián de la Gomera hubo de desplazarse a la Península a jugar un partido en Pinseque, pequeño municipio próximo a Zaragoza. Al parecer, para sufragar el viaje solicitó y obtuvo ayuda del alcalde zaragozano, que como consecuencia de su vinculación sentimental con aquella población canaria y el compromiso al que al parecer le obligaba su condición de hijo adoptivo, no dudó en “subvencionarle” con 3.738 euros procedentes del presupuesto municipal de Zaragoza.



Al parecer, según la oposición, no está claro que haya habido una solicitud oficial de subvención, una propuesta de pago, ni que ésta finalmente se hay sometido a la intervención municipal, haya tenido el visto bueno y haya sido formalmente aprobada. Es decir, la tramitación ha debido ser absolutamente ilegal.

Ante esto, Fernando Gimeno el vicealcalde de Zaragoza y consejero municipal de Presidencia, Economía y Hacienda, declaraba que “se trata de una propuesta más de la política basura que nos va a acompañar hasta las elecciones”.

En los mismos términos se ha expresado Belloch:



Que me perdone nuestro alcalde el escepticismo, pero ¿quién está haciendo realmente política basura? ¿Ustedes qué opinan?

Por cierto, estoy convencido de que aquel sillón que se apropió Marco y que le costó el puesto, debía ser más barato que lo que ahora se ha permitido regalar Belloch, con un dinero que no es suyo y por estrictos compromisos personales.

PD1.: Belloch no vive en Zaragoza, sino en Villanueva de Huerva, por lo que ni siquiera paga sus impuestos municipales en nuestra ciudad.


La trayectoria del personaje es coherente.
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viernes, enero 21, 2011

Imbéciles

Sí, ya sé que escribo desde la indignación, pero es que mantener intacta la capacidad de indignarse es un signo de juventud. Y no me resigno a envejecer. Perderé vista, es inevitable, y pelo y vigor y otras cosas, pero no quiero perder la capacidad de indignarme cuando la situación lo requiera. Y lo requiere, ya lo creo.

Esta pedorrilla de la foto, a la que abraza Zapatero, es, pásmense, ministra. Tan bajo hemos caído. Hay quien dice que su meteórica carrera política -pues con treinta y pocos años ya ha sido diputada, secretaria de Estado en el Ministerio de Asuntos Exteriores, Secretaria de Organización del PSOE y ahora ministra de Sanidad- se debe a su sorprendente parecido con Felipe González. Si no, no se explica. No con su formación, experiencia e inteligencia, más bien escasitas todas ellas. Muy escasitas. Y como muestra un ejemplo, aunque hay más:

Leire Pajín: “Sólo faltaría que la ministra no pueda nombrar a quien le salga de los cojones”.

Estos días pasados ha sido noticia el uso por primera vez del pinganillo de la traducción simultánea en el Senado. Nuestros senadores, españoles todos, con dominio del idioma español, que aquí también llamamos castellano, necesitan traducción simultánea para entenderse.

Vean la defensa que esa muchacha, Leire Pajín, con un sueldo envidiable (y claramente inmerecido), hace de la necesidad o conveniencia de esa traducción simultánea. Una defensa que es todo un recital de demagogia y estupidez.


Uno de los argumentos más socorridos es el de la crisis económica: es inadmisible, se oye, que sólo la traducción simultánea de cada sesión del Senado cueste 12.000 euros, y especialmente en época de crisis. Pues no, oigan, la traducción podría salir gratis, y aún así seguiría siendo una estupidez, y no pequeña: una estupidez antológica, descomunal. Su coste le añade vileza.


Pero no es este el principal motivo de mi indignación de estos días. Esta muchacha que decimos, la ministra, ha incorporado a su ministerio a la nueva secretaria de Estado de Igualdad y antes ministra de lo mismo, Bibiana Aído, también con un currículum impresionante. Es evidente que entre las dos van a proporcionar grandes momentos de gloria e inspiración al género cómico español. Y su primera producción conjunta ha sido el orwelliano anteproyecto de la Ley Integral para la Igualdad de Trato y la No Discriminación.

El texto es un ejercicio de totalitarismo surrealista, propio de una novela de ciencia ficción, que no hubiera superado ni el mismísimo Orwell y que sólo consigo entender si atribuimos a sus autoras una estupidez sin resquicios ni esperanza de recuperación o un deliberado propósito de desviar la atención, a cualquier precio, incluso a riesgo de hacer el ridículo, de la angustiosa situación económica que padecemos.



Su objetivo es "prevenir, eliminar y corregir toda forma de discriminación en los sectores público y privado". Han leído bien: privado. Pero sigamos leyendo: “queda prohibida toda conducta, acto, criterio o práctica” tipificada. Como señala Hermman Tertch: se prohíbe hasta el criterio. Y se invierte la carga de la prueba, algo radicalmente antidemocrático, que de nuevo demuestra la inanidad intelectual de las autoras y su nulo desconocimiento de los principios básicos en que se funda el Estado de Derecho: "Corresponderá a la parte demandada o a quien se impute la situación discriminatoria la aportación de una justificación objetiva y razonable". Ingeniería social, totalitarismo y estupidez en imbatible sinergia.

Pero fíjense qué detalle: no se impide la discriminación de los castellanohablantes. “La prohibición de discriminación por lengua excluye cualquier diferencia de trato por el uso del castellano…” La política de discriminación lingüística que practica la Generalitat de Cataluña se tolera -esta discriminación sí parece aceptable-.

No es lo peor esta España totalitaria y empobrecida que nos están diseñando, sino la España estúpida en que nos están obligando a vivir. Una España que parece, cada vez más, la conjura de los necios.

¿Es esta la España que queremos para nosotros y para nuestros hijos?
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martes, enero 18, 2011

Qué dura es la memoria histórica

Aunque el tema ya ha perdido vigencia, me acaban de pasar el enlace. Merece la pena recordarlo.


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