Y al fondo, la peña Montañesa.
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domingo, julio 24, 2011
miércoles, julio 20, 2011
Camps dimite
Estoy empezando a pensar que mi blog es un medio más influyente de lo que mi modestia me permitía creer.
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martes, julio 19, 2011
Camps
Me informa un amigo de los múltiples ejemplos de cohecho impropio de los que han sido testigos los funcionarios del Gobierno de Aragón -muchos testigos por tanto- estos últimos años, y especialmente antes de que estallara la crisis: filas enteras de repartidores llevando cestas, cajas, botellas y jamones por los despachos del Pignatelli.
Más tarde se habilitó, me cuentan, un almacén en el sótano. La imagen de los repartidores recorriendo los pasillos de un edificio administrativo era muy poco edificante y hubiera resultado intolerable en países como Alemania o Finlandia.
Pero imagino que eso mismo se ha debido ver en los pasillos de muchos otros gobiernos autonómicos.
Me dicen que los 14.000 euros que cuentan que han costado los trajes de Camps, presidente de la Generalitat Valenciana (gobierno autónomo de Valencia), posiblemente se queden cortos sumando las docenas de regalos que han recibido por Navidad algunos altos cargos del Gobierno de Aragón. El problema es que esos 14.000 euros de los trajes de Camps proceden de un único y generoso donante, que además era cabecilla de una trama corrupta, como parece probado.
El caso es que Camps va a ser procesado y se encuentra a la espera de que se celebre juicio contra él y contra otros tres colaboradores suyos. Esa era una eventualidad no descartable cuando se celebraron las pasadas elecciones autonómicas. Por tanto, el procesamiento ahora no ha podido causar sorpresa.
Cierto que el caso de los trajes de Camps parece infinitamente menos grave que el del chivatazo del bar Faisán o la impresionante trama montada en Andalucía en torno a los EREs fraudulentos, caso este último donde se han hurtado y desviado millones de euros. No creo que haya nadie menos legitimado que los actuales dirigentes del PSOE para exigir comportamientos éticos a los demás ni para dar lecciones de moralidad o exigir responsabilidades. Pero alguien ha de haber legitimado para exigir todo eso.
La regeneración ética y democrática es una exigencia inaplazable en la España de hoy. Posiblemente una buena parte de la crisis económica que padecemos, además de la incuria del Gobierno, se deba a la previa crisis moral de la sociedad española. Y si el partido en el Gobierno no tiene credibilidad para encabezar ese movimiento de regeneración, sería deseable que al menos la tuviera el principal partido de la oposición. Es este el que debe ofrecer todo lo que no ha sido capaz de ofrecer y aportar quien gobierna. Y ofrecerlo con credibilidad.
Las elecciones en Valencia estaban ganadas por el PP, con Camps o sin él. Y posiblemente con un resultado más abultado aún. Su presencia en las listas valencianas ha debido tener además un coste, posiblemente pequeño pero en algunos casos fundamental, en otras partes de España. Estoy absolutamente convencido de que su presencia en las listas ha quitado más votos -y hablo del conjunto de España- que los que haya aportado.
El silencio del PP ante el anuncio del procesamiento de Camps resulta tremendamente significativo. Saben que no hay defensa posible para su tibia actitud en este caso y que el daño está hecho. El “código ético” que aprobó en 2009 ha sido sometido a una dura prueba, de la que no ha salido airoso.
En resumidas cuentas, que Camps no se debería haber presentado a las elecciones autonómicas. Y no hubiera pasado nada. Al revés, posiblemente hoy el PP disfrutaría de una mayoría ligeramente más holgada en el conjunto de España e incluso es posible que hoy tuviera la alcaldía de Zaragoza, perdida por apenas un puñado de votos.
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lunes, julio 18, 2011
¿De qué periódico se trata?
Este texto que incluyo a continuación es el editorial de un diario de tirada nacional del día de hoy. Léanlo y traten de adivinar de qué periódico se trata.
Para no desvelar tan fácilmente el enigma, pondré la respuesta en el primer comentario a esta entrada.
Final de ciclo
Gestionar el final de un ciclo de gobierno no resulta tarea fácil para ningún gobernante y las circunstancias por las que atraviesa España en la actualidad no contribuyen ciertamente a allanar ese cometido. Desde que el presidente del Gobierno desatara las dudas sobre su continuidad en un comentario tan informal como irresponsable a finales del año pasado, los acontecimientos se han precipitado. Para peor. A la fecha nos encontramos con un país amenazado de ruina (atrapado en la vorágine de los mercados financieros desatada sobre Europa), sin perspectiva, con serios problemas de cohesión social y aun territorial, en el que cunde la desilusión entre los ciudadanos sin distinción de ideologías o de clase social. Existen motivos más que fundados para la intranquilidad, patente desde luego tanto en las manifestaciones de los resultados electorales de los recientes comicios.
Las turbulencias en los mercados de deuda se han cebado en España con una intensidad que no solo amenaza con estrangular las finanzas públicas, sino que asfixia también desde hace tiempo a empresas de todo tamaño al encarecer su financiación, enterrando la perspectiva de una pronta recuperación económica. El sendero hacia la nada por el que se precipitaron con anterioridad Grecia, Irlanda y Portugal viene siendo recorrido a trompicones también por España, pese a las bienintencionadas declaraciones de las autoridades o los anuncios continuados de iniciativas y reformas que devienen luego ineficaces por su falta de ambición inicial, o sus demoras y continuos retardos, como es el caso del sector financiero, cuya urgencia aconsejaba una diligencia extrema en su resolución. Ni el Gobierno ni el Banco de España han sido consecuentes con ello.
Sería injusto responsabilizar de todos los males a nuestras autoridades. Una parte no menor de nuestras aflicciones tiene su origen en Europa y se necesitan por ello soluciones que trasciendan las fronteras nacionales. Pero es imposible no reconocer la parvedad de la aportación española a esas soluciones. Más allá de la impotencia de Europa para solventar sus problemas, la pérdida de confianza en la gestión de José Luis Rodríguez Zapatero parece irreversible y el creciente escepticismo sobre la gobernabilidad española en las circunstancias actuales amenaza con acrecentar nuestros males. La crisis no es solo económica, sino también, y acaso sobre todo, política.
Hace ya mucho que las respuestas del presidente del Gobierno a los desafíos a los que se enfrenta España apenas merecen crédito alguno por parte de los ciudadanos. Las encuestas lo venían demostrando de forma consistente (una reciente coloca al Gobierno del Estado como la institución peor valorada de una lista de 39), y el escepticismo y el desconcierto fueron rubricados por el descalabro de los socialistas en las pasadas elecciones, al tiempo que crecía la contestación en la calle.
Más allá de cualquier consideración sobre el origen de las protestas del 15-M, sobre su legitimidad o sus intenciones, resulta evidente que el aprecio que han merecido por parte de la opinión trae causa del profundo malestar en el que se ha sumido el conjunto de un país con cinco millones de parados, en el que 300.000 familias han perdido sus casas en los últimos tres años, y en el que su primer gobernante es incapaz de ofrecer ninguna esperanza razonable de alivio a sus angustias.
Rodríguez Zapatero dispone de toda la legitimidad y todo el derecho para terminar la legislatura si así lo quiere y nada en las leyes le obliga a disolver las Cámaras. Pero tras el anuncio, hecho en marzo, de que no concurrirá de nuevo a las elecciones, este periódico sostuvo que sus propósitos de agotar la legislatura solo eran moral y políticamente justificables a condición de que culminase las reformas imprescindibles que asegurasen la estabilidad necesaria, política y económica, para que el país afrontara el periodo electoral en las mejores condiciones posibles. Esa condición no se ha cumplido. Aún peor: su incapacidad en la gestión, los magros resultados de las reformas apenas incoadas, más el lastre y la impotencia de una legislatura agónica auguran un deterioro imparable al que resulta imprescindible poner fin cuanto antes. A este respecto, la fecha sugerida por algunos dirigentes socialistas para celebrar elecciones (finales de noviembre) es del todo tardía. Si de verdad Rodríguez Zapatero quiere rendir un último servicio a su país, debe hacerlo abandonando el poder cuanto antes y reconociendo la urgencia de que nuestro Gobierno recupere la credibilidad perdida. Los españoles en su conjunto, y los votantes socialistas en particular, se lo agradecerán.
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domingo, julio 17, 2011
sábado, julio 02, 2011
La tragedia griega
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Los griegos han despertado de su falsa prosperidad de forma repentina y violenta.
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Fotos de las protestas griegas 1
Fotos de las protestas griegas 2
Fotos de las protestas griegas 3
En nuestro caso nos estamos deslizando hacia la miseria de forma más suave y, por ello también más inadvertida. Pero las consecuencias finales serán las mismas: un empobrecimiento generalizado de la población.
Fotos de las protestas griegas 2
Fotos de las protestas griegas 3
En nuestro caso nos estamos deslizando hacia la miseria de forma más suave y, por ello también más inadvertida. Pero las consecuencias finales serán las mismas: un empobrecimiento generalizado de la población.
El movimiento 15-M ha perdido fuerza como la gaseosa. Porque la indignación, lo he dicho muchas veces, hay que articularla con inteligencia y tenacidad. No sólo ellos, quienes se han manifestado o acampado, están indignados. Cualquiera que haya seguido mi blog habrá sido testigo de mi indignación, que ya dura años. Pero las asociaciones cívicas son la respuesta correcta, los recursos judiciales, la denuncia implacable en la prensa... Hay muchos ejemplos: Asociación para la Defensa de la Función Pública Aragonesa, Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés...
Yo fui en su momento un firme defensor del euro. La moneda única siempre me pareció un importantísimo avance en la unificación de Europa. Soy un europeísta convencido. Y estoy convencido de que, cuando dentro de unos siglos haya un gobierno mundial, tendremos lógicamente una moneda única.
Pero hoy dudo. He leído, y estoy empezando a pensar que quien lo dice no anda falto de razón, que el euro sin una política económica y fiscal común, fue un error. Tal vez hubiéramos debido esperar, o haber puesto primero las bases de esas políticas comunes.
Porque una mala gestión económica por parte de un país, o de varios, puede arrastrar al resto. Como está pasando con Grecia y -de momento en menor medida aunque con mayor peligro por nuestro tamaño- con España. Durante un tiempo leímos la amenaza de que nos pudieran echar del euro. Yo he leído incluso serios informes de los juristas de la Comisión sobre el tema. Lamento no recordar dónde poder hallarlos. Aunque tampoco tienen interés a estas alturas. El verdadero peligro no es que nos echen, sino que quienes soportan con su esfuerzo y su rigor presupuestario la cotización del euro, alemanes y franceses fundamentalmente, se salgan. Están hartos de nosotros y empieza a crecer un sentimiento de xenofobia y displicencia hacia nosotros, como el que puedan tener frente a turcos o magrebíes.
A menudo he dicho que no saldremos de la crisis como entramos, sino más pobres. Significativamente más pobres. Los sucesivos rescates de Grecia, que no son sino anticipos para permitirle liquidez para pagar sus deudas, van unidos a fuertes exigencias del resto de sus socios comunitarios, exigencias que suponen una reducción drástica de sus niveles de vida, artificialmente mantenidos mediante un endeudamiento irresponsable y una contabilidad ficticia, con la que han engañado a la Comisión Europea y a sus propios ciudadanos.
La salida de la crisis no significa otra cosa que poner en marcha el sistema productivo de un país y que éste empiece a generar excedentes. Que no necesite del crédito para vivir. Pero para eso hay dos alternativas: o producir mucho y bien para generar excedentes con que pagar sus deudas y poder financiarse y/o reducir drásticamente el nivel de vida y situarse en el poder adquisitivo que la realidad de su descubierta pobreza les permita.
Pero, ¡ojo!, que eso mismo también nos está pasando a nosotros de una forma lenta e insidiosa, pero perceptible. No dejen de leer, por favor, este enlace, porque es tremendamente ilustrativo.
Es lo que hay.
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