«Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él.» (Jonathan Swift)
Humberto Vadillo tiene un problema: es brillante. Posiblemente no sea un genio, pero es brillante. Y dice -y lo dice con admirable elocuencia- lo que mucha gente piensa y no se atreve a decir. Algo muy mal visto en un país donde lo políticamente correcto es lo políticamente obligatorio. Por su faceta de columnista habitual en Libertad Digital ha dejado abundante huella de su pensamiento político, que, como no podría ser de otra manera, ha molestado a nacionalistas y progres. O a quienes dicen serlo, aunque no necesariamente lo sean.
Humberto Vadillo es demócrata cabal, aunque sus nuevos enemigos se empeñen en adscribirlo a la extrema derecha. Y es liberal. Pero no tiene complejos, y eso está muy mal visto entre quienes piensan que la gente de derechas debe avergonzarse de serlo. Y por supuesto abstenerse de manifestarlo, si no con orgullo, sí con naturalidad.
Que alguien de izquierdas emplee epítetos como la “caverna” para referirse a los medios de derechas, o peores -“facha” es muy habitual en ellos- está socialmente admitido. Que alguien de derechas emplee algún calificativo despectivo hacia la izquierda lo condena a la hoguera y lo estigmatiza como intolerante y fascista. Porque la izquierda, ya se sabe, al contrario que la derecha, defiende todo lo noble y bueno, y sólo eso: lo mismo la Igualdad que la Libertad (pero además la Libertad sin Responsabilidad), la Cultura, el Arte... Suele obviarse, por incómodo, que sus referentes ideológicos provienen de Marx, Engels, Lenin o Stalin... O en España de Pablo Iglesias, Largo Caballero, Dolores Ibarruri o Santiago Carrillo.
Humberto Vadillo ha empleado el término titiriteros para referirse a esos “culturetas” pseudoprogres que al reclamo de la subvención y los contratos administrativos privilegiados han apoyado estos últimos años a Zapatero y enseguida se han alzado voces reivindicando la dignidad, no de los culturetas, sino de los titiriteros. Como si al llamar carnicero a un mal cirujano se estuviera insultando a los carniceros y no a ese cirujano. Los necios, ya se sabe, conjuran...
Conozco a directores generales recién nombrados, con merecida fama de vagos e inútiles, absolutamente desprestigiados profesionalmente -¡qué dramáticos errores sus nombramientos!-, a los que yo no encomendaría ni la responsabilidad de un negociado. Y nadie ha pedido su dimisión. Y que acabarán su mandato sin haber hecho nada, totalmente desapercibidos y a los que nadie citará jamás ni pedirá responsabilidades.
La izquierda se revuelve, y es lógico, hacia quien más daño puede hacerle. Es por eso, por ejemplo, que atacan con más saña a Esperanza Aguirre que a Gallardón.
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