Bien, el caso Gürtel huele que apesta y de nuevo está dejando en evidencia la escasa capacidad de reacción de Rajoy.
La correcta gestión de los tiempos es una de las condiciones que definen a un líder, y esperar a verlas venir es lo último que yo aconsejaría a Rajoy en estos momentos. Es más, si dentro de su partido hay alguien que le está aconsejando eso, téngalo por enemigo. O pagado por su enemigo. Y digo enemigo, y no rival.
Gestionar bien los tiempos y reaccionar con presteza excluye, por supuesto, la precipitación. Ni una cosa ni otra. Hay que tomarse su tiempo, el imprescindible para tener suficientes elementos de juicio, pero no más del necesario.
El sumario tiene más de cuarenta mil folios. En algún lugar he leído que hasta setenta mil. Eso es un disparate. Estoy seguro que de esos, sólo unos pocos cientos pueden ser relevantes. El resto, paja, basura o, peor, relleno para incrementar la apariencia de gravedad.
El asunto se está viendo salpicado de filtraciones y rumores, y todo da la apariencia de una gestión inteligente e interesada, con evidente oportunismo político. De momento sólo se ha levantado el secreto de un tercio del sumario, lo que añade suspense, inquieta profundamente al PP -debe inquietarle- y mantiene expectantes a los ciudadanos, como en una buena novela por entregas. La administración de las filtraciones y del levantamiento parcial de lo que reste del sumario está teniendo el efecto de ocultar o dejar en segundo plano otros asuntos tan graves o más que éste.
Nadie duda de que quien administra los plazos de estas entregas parciales es Rubalcaba. Las competencias de Interior son suyas, y por si hubiera alguna duda, se ha sabido que ha premiado a varios policías que han intervenido en el caso. También se ha sabido que se han grabado las entrevistas entre varios imputados ya presos y sus abogados, infringiendo todas las garantías procesales. Y nunca se sabrá, supongo, quién ha filtrado el contenido a la prensa cuando todavía estaba bajo secreto.
Trepas con derecho de pernada
El gran ejemplo de Aguirre
Insisto, el caso Gürtel apesta y deseo que se destape hasta las últimas consecuencias. Pero no debemos olvidar dos cosas:
Primera, que a lo largo de estos dos últimos años, e incluso de estos últimos meses, ha habido casos tan graves o más de corrupción en las filas del PSOE o en las instituciones gobernadas por ellos, y la Fiscalía se ha inhibido vergonzosamente. Ninguno de estos casos ha tenido la propaganda ni la repercusión mediática que está teniendo éste. En algunos casos estamos hablando incluso de cantidades de dinero mayores que las que ha manejado la trama Gürtel.
Y no dejar caer en el olvido las paletadas de tierra que están echando sobre el siniestro caso del chivatazo, el conocido como caso Faisán, que permitió que el aparato de extorsión de ETA escapara de un operativo policial para detenerlo y que, al menos a mí, me parece mucho más grave y peligroso que el caso Gürtel.
Y segunda: que esto no es lo más grave, ni mucho menos lo más importante en estos momentos, sino la gravísima crisis que nos atenaza y las evidencias más que abrumadoras del sistemático abuso de poder y engaños de este Gobierno.
José María Carrascal: “¿Hay mayor corrupción que negar la crisis económica que se nos venía encima, cuando habían sonado los timbres de alarma en todo el mundo ante ella? ¿Existe mayor estafa que enviar al vicepresidente económico a sostener en un debate televisado, sólo por razones electorales, que la crisis no afectaría a España? ¿Se concibe mayor corruptela que prometer 400 euros a cada votante en vísperas de elecciones, sabiendo que no servirían para nada, como se confirmó quitándoselos al año siguiente? ¿O continuar dando falsas esperanzas de recuperación, que apuntan en otros países, pero no en el nuestro? ¿O conducir la economía con criterios sólo políticos, que es algo así como conducir un coche sin carné y bajo la influencia del alcohol? ¿O presentar presupuestos más falsos que un billete fotocopiado? ¿O no hacer caso a las recomendaciones de los organismos económicos nacionales y extranjeros?"
La correcta gestión de los tiempos es una de las condiciones que definen a un líder, y esperar a verlas venir es lo último que yo aconsejaría a Rajoy en estos momentos. Es más, si dentro de su partido hay alguien que le está aconsejando eso, téngalo por enemigo. O pagado por su enemigo. Y digo enemigo, y no rival.
Gestionar bien los tiempos y reaccionar con presteza excluye, por supuesto, la precipitación. Ni una cosa ni otra. Hay que tomarse su tiempo, el imprescindible para tener suficientes elementos de juicio, pero no más del necesario.
El sumario tiene más de cuarenta mil folios. En algún lugar he leído que hasta setenta mil. Eso es un disparate. Estoy seguro que de esos, sólo unos pocos cientos pueden ser relevantes. El resto, paja, basura o, peor, relleno para incrementar la apariencia de gravedad.
El asunto se está viendo salpicado de filtraciones y rumores, y todo da la apariencia de una gestión inteligente e interesada, con evidente oportunismo político. De momento sólo se ha levantado el secreto de un tercio del sumario, lo que añade suspense, inquieta profundamente al PP -debe inquietarle- y mantiene expectantes a los ciudadanos, como en una buena novela por entregas. La administración de las filtraciones y del levantamiento parcial de lo que reste del sumario está teniendo el efecto de ocultar o dejar en segundo plano otros asuntos tan graves o más que éste.
Nadie duda de que quien administra los plazos de estas entregas parciales es Rubalcaba. Las competencias de Interior son suyas, y por si hubiera alguna duda, se ha sabido que ha premiado a varios policías que han intervenido en el caso. También se ha sabido que se han grabado las entrevistas entre varios imputados ya presos y sus abogados, infringiendo todas las garantías procesales. Y nunca se sabrá, supongo, quién ha filtrado el contenido a la prensa cuando todavía estaba bajo secreto.
Trepas con derecho de pernada
El gran ejemplo de Aguirre
Insisto, el caso Gürtel apesta y deseo que se destape hasta las últimas consecuencias. Pero no debemos olvidar dos cosas:
Primera, que a lo largo de estos dos últimos años, e incluso de estos últimos meses, ha habido casos tan graves o más de corrupción en las filas del PSOE o en las instituciones gobernadas por ellos, y la Fiscalía se ha inhibido vergonzosamente. Ninguno de estos casos ha tenido la propaganda ni la repercusión mediática que está teniendo éste. En algunos casos estamos hablando incluso de cantidades de dinero mayores que las que ha manejado la trama Gürtel.
Y no dejar caer en el olvido las paletadas de tierra que están echando sobre el siniestro caso del chivatazo, el conocido como caso Faisán, que permitió que el aparato de extorsión de ETA escapara de un operativo policial para detenerlo y que, al menos a mí, me parece mucho más grave y peligroso que el caso Gürtel.
Y segunda: que esto no es lo más grave, ni mucho menos lo más importante en estos momentos, sino la gravísima crisis que nos atenaza y las evidencias más que abrumadoras del sistemático abuso de poder y engaños de este Gobierno.
José María Carrascal: “¿Hay mayor corrupción que negar la crisis económica que se nos venía encima, cuando habían sonado los timbres de alarma en todo el mundo ante ella? ¿Existe mayor estafa que enviar al vicepresidente económico a sostener en un debate televisado, sólo por razones electorales, que la crisis no afectaría a España? ¿Se concibe mayor corruptela que prometer 400 euros a cada votante en vísperas de elecciones, sabiendo que no servirían para nada, como se confirmó quitándoselos al año siguiente? ¿O continuar dando falsas esperanzas de recuperación, que apuntan en otros países, pero no en el nuestro? ¿O conducir la economía con criterios sólo políticos, que es algo así como conducir un coche sin carné y bajo la influencia del alcohol? ¿O presentar presupuestos más falsos que un billete fotocopiado? ¿O no hacer caso a las recomendaciones de los organismos económicos nacionales y extranjeros?"
Engaños que deberíamos juzgar al menos con el mismo rigor con que estamos juzgando este caso de corrupción. Porque esos engaños también generan víctimas. Muchas.
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