viernes, marzo 13, 2009

Irresponsable, sectario, mendaz

Necesito sólo tres palabras para definirle, pero ni una menos.

Los niños españoles pagan la crisis

La beneficencia y la caridad suben hasta un 72%, pero todavía son insuficientes

Pasarán dos o tres lustros. Nos olvidaremos de su rostro y hasta de su sonrisa y de sus gestos, y seguiremos pagando las consecuencias de su paso por el Gobierno. Su capacidad de destrucción es increíble, tanta es su incompetencia y su sectarismo.

A veces, oyéndole hablar me recuerda a aquellos progres fuertemente ideologizados de mi época de estudiante. Me hubiera estremecido pensar que alguno de ellos, con un bagaje ideológico y cultural claramente radicalizado y esquemático, pudiera tener entonces la más mínima responsabilidad de gobierno. Y pasados los años, aquella pesadilla se ha hecho realidad. Las consecuencias van a durar mucho tiempo.


¡Pobre España, pobres españoles!
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jueves, marzo 12, 2009

El Jaguar

Muchas veces, la necesidad impulsa al hombre a la indignidad. Pero esa es una indignidad disculpable. ¿Puede ser indigno rebuscar comida en la basura cuando no queda otra alternativa? Quizás lo parezca, pero no lo es.

Pero la indignidad que resulta intolerable, la verdaderamente despreciable es la que practican los hombres (o mujeres) que no tienen ninguna necesidad de hacerlo. Esos son los realmente indignos, los que merecen nuestra repulsa.

Correa regaló un Jaguar al secretario electoral del PP

En política es seguramente irremediable que se cuelen ciertos indeseables, personas inútiles o despreciables, pero no debiera ser irremediable que se perpetúen.

Los partidos políticos no funcionan democráticamente, porque ello implicaría, aunque siempre de forma insuficiente, algún grado de control. Y se evitaría esa perpetuación de indeseables.

Lo malo es que los partidos lleguen a convertirse -se han convertido ya- en la empresa en la que algunos trabajan, o fingen hacerlo, y no en el órgano de participación política de los ciudadanos que la Constitución dice que deben ser.

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miércoles, marzo 11, 2009

Tantas casualidades...

No recuerdo haber escrito apenas nada sobre el 11-M. Me falta documentación. Pero hoy lo voy a hacer; hoy voy a escribir sobre ello.

A mí me enseñaron que más de una casualidad no es casualidad, pero desde que comprobé que existe gente a la que le ha tocado la lotería dos veces, decidí ampliar el margen de confianza en las casualidades. Desde entonces pienso que más de dos casualidades ya no es casualidad.

He dicho que me falta documentación. Es por eso que prefiero contar sólo mis impresiones o, casi mejor, mis presentimientos. No me atrevería a llamarlos ni siquiera sospechas.

¿Alguien ha visto ese curioso fenómeno que les ocurre a los perros cuando presienten un peligro? Se les eriza el pelo de la espalda, a lo largo del espinazo, pero especialmente a la altura del pescuezo, de una forma muy característica y que las primeras veces que se observa resulta sorprendente. Quizás se trate de un peligro real, que sólo ellos, dotados de ese olfato finísimo, perciben, mientras que para nosotros permanece oculto. Pues ante el 11-M me ocurre lo mismo. Hay algo en el asunto que me inquieta sobremanera. Podría ser la desmesura del atentado, pero es algo más, siniestro, desconocido, tan inquietante que pensarlo casi me produce vértigo por las consecuencias extremas que podría tener la confirmación de mis temores.

Tantas casualidades... Se me nublan los recuerdos, pero no tengo ánimo para contrastarlos de nuevo. Ni hace falta.

Dos furgonetas de la muerte con el mismo itinerario, el mismo día... La mochila-bomba localizada en una comisaría de Vallecas...Tantos confidentes policiales involucrados en el aparato de suministro de los explosivos... Los dudosos testimonios que localizan a uno de los principales acusados en el lugar de los hechos... Las cintas con los versos del Corán... Las prisas por desguazar los trenes...

Un error hizo "sospechoso habitual" a Zougam años antes del 11-M

Culpable oficial

A veces la historia que viven los protagonistas de una trama no es más que la excusa del autor para mostrarnos la atmósfera y la recreación de los acontecimientos históricos, que son lo que de verdad le interesaba mostrarnos. Y para mí en este asunto, el fondo del escenario, el decorado, en un segundo plano, pero siempre presente, son las manifestaciones de los días siguientes a la masacre, el ataque a las sedes del PP, la “espontánea” movilización popular, el “pásalo”... Y especialmente la imagen y la voz de Rubalcaba... Qui prodest?


Y es precisamente entonces, cuando recuerdo todo ello y especialmente esta última imagen, cuando siento un escalofrío y se me eriza el vello de la espalda... Pero sólo es un presentimiento.


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martes, marzo 10, 2009

“Razonablemente positivo”

Así, “razonablemente positivo”, ha definido la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega el primer año de gobierno de esta segunda legislatura de Zapatero.

Cualquier comentario que pudiera hacer sobre esta señora y su opinión sería necesariamente ofensivo hacia ella. Mucho y merecidamente, creo.

¿Qué pensarán de esa frase los tres millones y medio de parados?
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Cómo le juzgará la Historia

Tomo prestadas estas frases de Hermann Tertsch, en el ABC de hoy:

“Aquí se dijo hace mucho tiempo que el paso de Zapatero por la historia de España crearía un precedente sobre la capacidad de destrucción en tiempos de paz”.

“¿Cómo ha podido suceder? ¿Por qué cuando los españoles estábamos a punto de encontrar nuestro sitio como sociedad moderna entre las demás, pudo producirse este disparate histórico que nos deja inermes como nadie ante la crisis general? Habrá muy sesudos estudios al respecto en el futuro”.


¿No sería deseable, por el bien de España y para que el juicio de la Historia no sea tan duro con él, que convocara elecciones generales con el propósito de no presentarse siquiera y desapareciera para siempre de la escena pública, este irresponsable irrepetible?
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lunes, marzo 09, 2009

Igualitarismo

El paro y la pobreza son la forma más rápida de alcanzar ese ideal socialista que es el igualitarismo. No cabe negarle eficacia a Zapatero, si lo que pretendía era una sociedad igualitaria, donde, lógicamente, unos, las bibianas, los pepiños, los bermejos, los touriños..., como en “la rebelión en la granja”, de Orwell, sean más iguales que otros.

Un millón de personas depende ya de la ayuda de las ONG para comer
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Bélgica

Motivos familiares insoslayables me han llevado a viajar a Bélgica estos días pasados. He aprovechado para hacer turismo, con las antenas levantadas.

1.- Bicicletas. Hay cientos de bicicletas por las calles. Todos los jóvenes las usan y buena parte de los mayores.

¿Qué enorme ahorro de gasolina les supone eso? ¿Y por qué nosotros no?

No hay carriles bici tan marcados como los que se construyen en Zaragoza. Apenas un par de líneas de pintura en el pavimento, o el embaldosado de las aceras puesto en diagonal respecto a la zona peatonal. Y la gente los respeta. Los coches se paran ante las bicis y todos, coches, peatones y ciclistas conviven sin problemas.

En las fotografías, algunos de los muchos aparcamientos de bicicletas.

2.- Centrales nucleares. Viajando en tren he tenido ocasión de ver dos, y una de ellas en las afueras de Bruselas. Ambas muy próximas a zonas habitadas. Sin contaminación. Lo único apreciable es el impacto visual de la enorme chimenea de refrigeración y el penacho de vapor de agua que se desprende de ellas. ¿Son tan tontos que estando Zapatero en lo cierto, eligen, como los franceses, ingleses, americanos, chinos, japoneses y tantos otros, ese sistema tan supuestamente caro y peligroso? ¿O quizás es que no es tan caro ni tan peligroso?

¿Cómo se compagina algo tan ecologista como el uso masivo de las bicicletas con algo tan escasamente ecológico como las centrales nucleares? ¿O quizás es que no son antiecológicas? ¿Quizás la térmica de Andorra es más antiecológica que una central nuclear? Aquí, entre nosotros, sólo la térmica de Andorra produce el 48% de las emisiones de CO2 de Aragón.

3.- Circulación. Los conductores respetan los pasos de cebra, e intercambian gestos de cortesía cediendo el paso. Sonríen dando las gracias cuando les dejas pasar con una seña. Insólito. En cuatro días solo oí un claxon.

4.- Hay tranvías. Durante mi estancia nos obligaron a bajar porque uno había descarrilado y cortaba varias líneas. Inconvenientes que no presenta el autobús. En breve sufriremos esos mismos problemas en Zaragoza.

5.- Precios. Los precios de la hostelería están mucho más baratos que en Zaragoza. Una pizza de tamaño grande, lo que aquí llamaríamos familiar o casi, allí cuesta, en restaurante, con mesa, mantel, servilleta de hilo y camarero, seis o siete euros. Abundan las tiendas de bocadillos o comida para llevar. Un bocadillo de media barra de pan, abundantemente relleno, cuesta tres euros. Reto a cualquiera a buscar esos precios en Zaragoza. No los hay.

Y una cerveza de marca, Palm concretamente, de botella, servida en su propia copa (cada marca de cerveza se sirve en su copa o recipiente característico), oscura, acaramelada, cremosa..., servida en restaurante: dos euros.

No hace muchos días, en una cafetería abarrotada, en la plaza de España de Zaragoza, por una vulgar caña de cerveza de barril, más pequeña que la servida en Bélgica, tomada de pie en la barra, me cobraron dos euros con veinte céntimos.

Y los salarios de los belgas son más elevados.

Aquí, en algún sitio de la estructura productiva, alguien está recibiendo unas ingentes transferencias netas de renta. Alguien se está enriqueciendo de forma claramente abusiva. Pero la cervecería donde me cobraron aquel precio abusivo estaba llena. Yo no volveré a pisarla, pero no creo que al dueño le importe mi ausencia.

6.- Los trenes.

Tienen un curioso sistema de funcionamiento. Además de bonos mensuales y otros medios de pago que no entré a investigar, los billetes son válidos para un itinerario, haciendo todos los trasbordos necesarios y sin especificar el tren que vas a coger. Un billete de Gante al aeropuerto de Charleroi incluye por poco más de diez euros, un tren a Bruselas, otro a Charleroi y un autobús al aeropuerto. El viajero escoge dentro de ese día la hora que mejor se le acomoda. No hay, por supuesto, asiento reservado. Cabe la posibilidad de que un viernes por la tarde uno pretenda coger un tren abarrotado de estudiantes y no se pueda sentar, pero será difícil.

7.- Coincidí en el tiempo con los independentistas catalanes que se manifestaron en Bruselas. Unos dos o tres mil, leí en la prensa. Evidentemente, aprovecharon para hacer turismo porque me los encontré en Brujas, como puede verse.

8.- Bilingüismo. Bélgica no es un país bilingüe, o no lo son los belgas: hay dos zonas monolingües que parecen ignorarse mutuamente. Como leí en la portada de un libro que vi en una revista: La Belgique est morte. Los valones hablan francés e inglés, pero al parecer se niegan a aprender el flamenco o neerlandés de Flandes, que me contaron que es una variedad arcaica del holandés moderno. No sé si será cierto. Es un idioma que para los hablantes de una lengua romance resulta difícil de aprender. Por el contrario, los flamencos hablan, además de su idioma, el inglés y el francés, pero éste sólo con los extranjeros. Con los valones se niegan a emplearlo.

En la megafonía y rótulos dinámicos de los trenes y estaciones de la zona flamenca el idioma usado es el neerlandés, en Bruselas se usan ambos y en la zona valona, sólo el francés. Bruselas es la capital geográfica de Flandes, pero es un enclave mayoritariamente francófono.

No obstante, no parece haber rivalidad, o yo no la percibí, sino sólo indiferencia mutua.

Es destacable el abundante y fluido uso del inglés. Allí lo hablan con corrección hasta las señoras de la limpieza.

9.- Castellano o español. Me sorprendió la cantidad de gente que habla, mal pero aceptablemente, el español. Nuestros amigos independentistas catalanes quizás no se percataron, porque los belgas sólo emplean el español cuando comprueban que su interlocutor lo habla. Y dudo que reconocieran el catalán. Nuestros amigos catalanes se hubieran desenvuelto con más facilidad si hubieran hablado español.

10.- Los belgas no recogen las cacas de los perros. Me sorprendió que en ese aspecto los españoles seamos más limpios que ellos. Pero debe ser en lo único. Tampoco se exceden en la limpieza de calles y canales, pero en general si son un poco más limpios que nosotros. No vi tampoco tantas pintadas como en Zaragoza.

11.- Seguridad. Las casas unifamiliares tienen las ventanas, que por cierto suelen ser muy grandes para aprovechar la escasa iluminación, a nivel de la calle. Y sin rejas. Hay miles y miles de casas en las que poder entrar simplemente rompiendo un cristal y levantando la pierna. Y no hay rejas. Me pareció insólito y envidiable.

12.- No hay apenas policía. Creo que en todo este tiempo sólo vi dos o tres agentes de policía.

13.- Inmigración. Hay muchos menos inmigrantes que en España y los que hay se ven perfectamente integrados, hablando flamenco o francés. Son inmigrantes antiguos, no recientes y masivos como en España. Sorprende ver a un negro vestido a la manera occidental hablando en flamenco a su hijo.

14.- Laicismo. No sé qué indica la Constitución belga al respecto, pero me sorprendió comprobar la cantidad de nombres de santos que denominan barrios, calles, estaciones de trenes... Hay barrios que se llaman San Andrés, San José, San Miguel... Y estaciones de ferrocarril. La de Gante se llama de San Pieter: Sintpietersatation. O el instituto Notre Dame. O las hornacinas en las calles con figuras religiosas. Y ello coexiste con calles en donde las prostitutas se exhiben en escaparates, con chocolaterías donde se venden y se exhiben en los escaparates bombones con formas eróticas o se vende ropa interior comestible. Con naturalidad, sin escándalo y sin que nadie intente imponer a los demás su criterio.

En el hotel donde nos alojamos, encima de la mesilla había un ejemplar del Nuevo Testamento en inglés, francés, alemán y neerlandés. Nunca había visto este detalle antes.

Estas son mis impresiones, que quizás sean erróneas, pero es lo que yo vi.
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